Isabel I de Inglaterra, una reina de armas tomar

Apoyaba las artes, pero su prioridad era el campo de batalla. Además, Isabel I de Inglaterra pasará a la Historia como "la reina virgen" por su convicción de permanecer soltera.

Isabel I de Inglaterra

No podría entenderse nunca la infancia de Isabel (1533-1603), hija de Ana Bolena y Enrique VIII, sin unirla a la de su medio hermana, María Tudor, nacida del rey inglés y su primera mujer, la española Catalina. Ambas niñas tuvieron que aguantar el continuo vaivén emocional de Enrique VIII, que le llevó sin piedad del rechazo al amor por aquellas jóvenes.

En 1536, Ana Bolena perdió definitivamente el favor del rey y fue ejecutada, por lo que la pequeña Isabel fue declarada ilegítima, la misma situación por la que había pasado hasta aquel momento María Tudor. Sin embargo, en 1544, Isabel regresó de nuevo a la Corte, donde se instaló con discreción, pero firmeza. Su carácter desconfiado y prudente le llevó a esperar pacientemente en la sombra hasta que, en 1558, María falleció e Isabel se convirtió en reina de una Inglaterra que ya había mostrado claramente su apoyo por la joven Tudor y su desagrado por María, que había indignado a sus súbditos casándose con el monarca español Felipe II. Comenzaron así 45 años de fértil reinado, marcado por su defensa de la Iglesia anglicana y los constantes encontronazos con España. La soltería que mantuvo hasta la muerte se convirtió en motivo de curiosidad y en fuente inagotable de rumorología, que llevó a que fuera conocida como “la reina virgen”.

Desde que se engarzó la corona, su primera preocupación fue el restablecimiento del anglicanismo como religión de Estado –de la que ella misma se erigió en máxima mandataria– y persiguió sin piedad a protestantes y católicos, tanto en Europa como en sus propias tierras. En las islas, el mayor problema era Escocia, donde gobernaba el férreo catolicismo de Maria Estuardo. Finalmente, el Partido Protestante de Escocia venció en 1568, por lo que la Estuardo se vio obligada a huir y, paradójicamente, buscó refugio junto a la reina inglesa. Isabel la mantuvo encerrada una temporada pero, temerosa de que pudiera llegar a disputarle su preciado trono, no le tembló el pulso al ordenar su ejecución en 1587.

 

Renacimiento cultural

Si en política interior la religión fue su mayor preocupación, en política exterior las continuas batallas tuvieron casi siempre un mismo rival: España. Los ánimos se fueron caldeando entre los dos países con batallas y escarceos, en los que el pirata Francis Drake tuvo una amplia cota de responsabilidad. Los envites derivaron en 1587 en una guerra abierta, cuya puesta en escena más espectacular fue la batalla entre los navíos ingleses y la Armada Invencible española. La espectacular victoria de Isabel I otorgó a la reina la supremacía marítima.

Si el campo de batalla era una preocupación acuciante, el apoyo a las artes también figuraba como prioridad. Fue una época de renacimiento cultural, con especial atención a la producción teatral. Durante su reinado se construyó el primer teatro público en Londres, en unos años en que entre los firmantes de las obras había un tal William Shakespeare.

Etiquetas: Gran Bretaña, Mujeres, Religión

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