Giacomo Casanova, sueños de seductor

Además de ser sinónimo de seductor, Casanova fue un intelectual, un enciclopedista y un firme defensor de las libertades.

Giacomo Casanova

 

A juzgar por el desdén de sus paisanos, Casanova no debería haber pasado a la Historia; sin embargo se trata de uno de los personajes más intrigantes y apasionantes de todos los tiempos. Giovanni Giacomo Casanova nació en Venecia en 1725, pero en la ciudad no hay museos ni estatuas que lo recuerden. Sus convecinos han guardado silencio en torno a la figura del ilustre libertino que, además de un seductor de mujeres –en sus Memorias contabiliza unas 2.000 conquistas–, fue un intelectual ecléctico y enciclopedista que escribió poesía y comedia, se interesó por la filosofía y la medicina, así como por las prácticas esotéricas y las ciencias ocultas, y fue amigo de muchos grandes personajes de su tiempo, como Voltaire, el papa, la emperatriz Catalina la Grande de Rusia y Luis XV de Francia.

Además, tuvo tiempo –él sí– para hablar de su ciudad, y en su citada autobiografía menciona los rincones donde vivió algunas de sus aventuras, como el callejón cercano a la plaza de san Marcos en el que a los 12 años mantuvo su primera relación sexual; la calle del Teatro, donde su madre actuaba todas las noches mientras él, jovencísimo, trabajaba como violinista; o el Puente de los Tres Arcos, donde retuvo a un hombre haciéndose pasar por guardia y lo mandó hasta la isla de san Giorgio para retrasar su vuelta y poder pasar la noche con su mujer. Eran las primeras argucias de un seductor incansable, amante del amor y de las mujeres, que desde joven aprendió a sobrevivir en una ciudad carnavalesca aficionada a las máscaras y los disfraces.

 

Una vida muy intensa

Sus padres, que eran actores, querían que Giacomo fuera sacerdote, pero a los 16 años fue expulsado del seminario por mala conducta. A partir de ahí y a lo largo de su vida fue secretario del cardenal Acquaviva en Roma, soldado en el ejército veneciano, predicador, alquimista, jugador y espía, siempre enredado al mismo tiempo en amoríos y aventuras con todo tipo de mujeres, desde la noble condesa que lo requiere en su alcoba tras una partida de cartas a la prostituta de los tugurios de Londres.

En 1755 fue encarcelado en Venecia por impiedad, por su afición al juego y por practicar la magia, pero escapó de la prisión al año siguiente y se refugió en París, donde instaló la lotería pública y fue favorito en la corte de Luis XV y amante de Madame Pompadour. Después recorrió toda Europa, donde ganó la confianza o la amistad de muchos notables y la fama por su ingenio y encanto con las mujeres. En los Países Bajos fue nombrado caballero de Seingalt y tras visitar España, Turín y Trieste, regresó a Venecia en 1774, una vez obtenido el perdón de las autoridades.

El relato de sus Memorias acaba en esa época, pero sabemos por los informes de la policía que se convirtió en agente secreto del Estado veneciano. Después volvió a París, donde conoció al príncipe de Ligne, quien le instaló en su castillo de Dux, en Bohemia, como bibliotecario. Allí mandó imprimir su Historia de mi fuga de las prisiones de Venecia, que se conocen con el nombre de los Plomos (1788) y otras obras.

Las Memorias, escritas en francés porque esa lengua le permitía llegar a más gente, aparecieron después de su muerte, ocurrida en Dux el 4 de junio de 1798. Giacomo Casanova fue un triunfador en sociedad y en las alcobas, pero también un pensador lúcido y un defensor de la libertad individual y del derecho al placer de los sentidos que rompió con las convenciones y los prejuicios de su tiempo

Etiquetas: Europa, Ilustración, Literatura

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