Gabriel de Espinosa, un supuesto rey

El rumor de reaparición de Sebastián llegó a Lisboa y varios nobles viajaron a Madrigal para visitar a su llorado rey.

F. Cohnen / S. M.
El rey Sebastián de Portugal (a quien Gabriel de Espinosa se parecía físicamente) en el óleo de Alonso Sánchez Coello.

Llegó a Madrigal de las Altas Torres (Ávila) a finales de junio de 1594 acompañado de su hija Clara de dos años y de su amante Inés Cid, a la que presentaba como ama de la pequeña.

Parece ser que su objetivo inicial era montar un pequeño negocio de venta de pasteles de carne y empanadas. Pero aquel hombre altivo y de buenas maneras decidió de repente hacerse pasar por el rey Sebastián de Portugal, que había muerto en 1578 en la batalla de Alcazarquivir (Marruecos) y cuyos restos nunca fueron encontrados.

La impostura del pastelero era muy peligrosa, pues ponía en duda la legitimidad del rey español Felipe II, que había ocupado el trono de Portugal tras la desaparición del monarca luso. Otro de los personajes de esta increíble historia fue fray Miguel de los Santos, un agustino de origen portugués que había sido confesor del rey Sebastián y que, a la muerte de éste, apoyó al hermano del difunto monarca frente a las pretensiones de Felipe II, lo que le valió el destierro a Madrigal de las Altas Torres.

Cuando fray Miguel conoció a Espinosa, creyó encontrarse ante el mismo rey Sebastián. Los documentos de la época no aclaran si el fraile estaba loco o si realmente creía que Espinosa era el redivivo rey Sebastián. En cualquier caso, lo que sí parece cierto es que el fraile acudió a un convento de Madrigal para entablar contacto con una monja llamada María Ana de Austria, prima del fallecido Sebastián de Portugal, al que había amado en secreto.

Fray Miguel le aseguró que Espinosa era el monarca desaparecido, una declaración fantástica que aquella joven aburrida y con escasa vocación de clausura creyó a pies juntillas. Cuando conoció a Espinosa, María Ana cayó rendida a los pies de su supuesto primo, al que cedió joyas de gran valor para que pudiera defender su identidad y recuperar el trono que le habían arrebatado.

Espinosa juró a la alocada María Ana que una vez hubiera recuperado la Corona conseguiría la bula papal para casarse con ella. El rumor de la reaparición del llorado Sebastián llegó a Lisboa y pronto varios nobles portugueses viajaron a Madrigal para visitar a escondidas al supuesto monarca y urdir planes para devolverle el trono.

Poco interesado en aquel complot político, Espinosa huyó a Valladolid con el botín de la ingenua María Ana y no tuvo reparos en contar en tabernas y tugurios su asombrosa historia. Las habladurías llegaron a oídos de Rodrigo de Santillán, alcalde del crimen en la Chancillería de la ciudad castellana. Sus alguaciles viajaron a Madrigal, entraron en el convento y encontraron pruebas que incriminaban al impostor, que fue finalmente apresado y acusado de crimen de lesa majestad. Espinosa fue condenado a la horca, cumpliéndose la pena capital el 1 de agosto de 1595.

Los que asistieron al ahorcamiento quedaron sorprendidos por la tranquilidad con la que el pastelero subió al patíbulo. Una vez colgado, su cuerpo fue decapitado y hecho cuartos, siendo los restos expuestos en las cuatro puertas de la ciudad de Valladolid. Fray Miguel fue degradado a la condición de laico y el 19 de octubre de aquel mismo año fue decapitado en Madrid. María Ana corrió mejor suerte al ser recluida en un convento de clausura hasta que murió su tío Felipe II y su heredero, Felipe III, la perdonó, nombrándola Abadesa Perpetua en las Huelgas Reales de Burgos.

Un impostor políglota

En un corto periodo de tiempo, Gabriel de Espinosa logró engañar a varios nobles portugueses y seducir a la sobrina de Felipe II. Pero, ¿cómo fue posible que pudiera embaucar a tanta gente? En una época marcada por la superstición y la incultura, Gabriel de Espinosa debió brillar con luz propia. Además, era la viva imagen del malogrado rey de Portugal.

Era pelirrojo, al igual que Sebastián, mostraba cierta educación y parecía dominar varias lenguas, lo que era algo extraordinario para un hombre vulgar de la época. Aquel pastelero mostraba mucha labia, un talante orgulloso y gran destreza a caballo.

Un cúmulo de habilidades que le hacían parecer más un aristócrata que un simple mortal. Pero, ¿cómo adquirió tales destrezas? Al parecer, Gabriel de Espinosa fue soldado durante años y pudo haber viajado con su regimiento por otras tierras, lo que explicaría sus conocimientos de lenguas extranjeras. Sin duda debió ser un tipo inteligente, aunque muy fantasioso y algo bocazas.

Su principal objetivo no era otro que el dinero, para lo cual sedujo a María Ana de Austria que le cedió al impostor unas valiosas joyas para que pudiera mostrar al mundo su verdadera personalidad como rey de Portugal.

Etiquetas: Curiosidades, Historia

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