El saco de Roma

El 6 de mayo de 1527, tropas alemanas, españolas e italianas de Carlos I saquearon la Ciudad Eterna y el Papa salvó la vida por los pelos.

El saco de Roma
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El saco de Roma (adaptación al castellano de la voz italiana sacco di Roma, saqueo de Roma) tuvo lugar el 6 de mayo de 1527 en el marco del conflicto entre el Sacro Imperio Romano Germánico –a cuya cabeza estaba entonces Carlos I de España y V de Alemania– y la Liga de Cognac, una alianza entre el Papado, Francia, Milán, Venecia y Florencia. Esta guerra se desencadenó al dar el pontífice Clemente VII su apoyo a Francia, en un intento de librarse de la dominación imperial alemana. Las tropas imperiales vencieron a las francesas en Italia pero, al no haber fondos para pagar a los soldados –de los cuales el grueso (10.000) eran lansquenetes o mercenarios germanos–, estos se amotinaron y se dirigieron hacia Roma.

La Ciudad Eterna estaba defendida por 3.000 soldados romanos y menos de 200 guardias suizos. Vista la desigualdad de fuerzas, se convocó a la desesperada a la ciudadanía para la defensa, formándose milicias improvisadas de unos 6.000 hombres. A su favor estaban las fortificaciones de Roma, con sus imponentes murallas, y una buena artillería, de la que carecían los soldados de Carlos I. No obstante, estos atacaron con ferocidad, movidos por el deseo de rapiña para compensar la falta de paga, y tras masacrar a la Guardia Suiza y a unos mil defensores se entregaron al pillaje durante tres días. Clemente VII escapó por los pelos por el Passetto, un corredor secreto que une el Vaticano con Sant'Angelo.

La noticia del saco de Roma fue recibida con consternación en todo Occidente, por lo que Carlos I tuvo que presentar disculpas formales ante el Papa (que había sido hecho preso en Sant'Angelo y obligado por los lansquenetes a pagar un rescate de 400.000 ducados a cambio de su vida) y vistió de luto en recuerdo de las víctimas. Este episodio tuvo numerosas consecuencias: señaló el fin del Renacimiento romano, dañó el prestigio del Papado y liberó las manos de Carlos V para actuar contra la Reforma luterana en Alemania. Además, los saqueadores causaron cuantiosas pérdidas al arte y la economía vaticanos.

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