El día que se apagó el Rey Sol

Tras una semana de lenta agonía y sufrimiento, Luis XIV de Francia murió en Versalles el 1 de septiembre de 1715, tras 72 años de reinado.

Luis XIV
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La muerte de Luis XIV (1638-1715), paradigma del monarca absolutista desde que subiera al trono siendo un niño de cinco años, fue digna de una tragedia de Racine. Apodado le Roi Soleil (el Rey Sol) para identificarlo con el astro símbolo del orden, la regularidad y el esplendor -y no porque el mundo girase a su alrededor: el heliocentrismo de Copérnico y Galileo seguía estando condenado por la Iglesia en aquel entonces-, lo cierto era que en 1715, tras 72 años ciñéndose la corona de Francia (el reinado más largo de la Historia de ese país), poco quedaba de su brillo en el viejo decrépito, empelucado y empolvado en que se había convertido.

Ese brillo comenzó a apagarse del todo el 10 de agosto de ese año. A su regreso de una partida de caza, el Rey sintió un intenso dolor en la pierna. Fagon, su médico, le diagnóstico una ciática, pero pronto aparecieron manchas negras: se trataba de una gangrena senil producto de la gota. Entre terribles dolores, Luis XIV continuó con sus rutinas habituales hasta que el 25 de agosto se vio obligado a guardar cama, y ya no la abandonaría. El 26, la gangrena llegó al hueso, ante la impotencia de los médicos. Ese mismo día, recibió en sus aposentos a su bisnieto y heredero de cinco años, el futuro Luis XV, y le advirtió contra la guerra: "¡Es la ruina de los pueblos!".

Pero la muerte se alargó más de lo previsto. El Rey se despidió de su favorita, Madame de Maintenon, hasta en tres ocasiones, y de la Corte en dos. El 29 de agosto, se autorizó a Brun, un médico provenzal, a acercase a la cama real. Éste afirmaba disponer de un remedio milagroso para sus males, y lo cierto fue que el monarca, tras serle administrado, experimentó una fugaz mejoría. Pero la enfermedad seguía ahí, agravándose cada vez más y apoderándose de todo su cuerpo. Finalmente, Luis XIV cayó en un estado de semicoma el día 31 y falleció el 1 de septiembre por la mañana, cuatro días antes de cumplir 77 años. Su cadáver se expuso durante ocho días en el Salón de Mercurio, para que los súbditos del Rey Sol le rindieran sus respetos.

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