El contubernio “judeo-masónico” de Franco

El dictador Francisco Franco sintió una enorme aversión personal hacia la masonería, que le llevó a denunciarla como uno de los grandes enemigos de España

S. M.
El último discurso de Franco fue pronunciado desde el balcón principal del Palacio de Oriente de Madrid.

El dictador insistió hasta la saciedad en las maquinaciones de las logias masónicas durante su largo período de gobierno.

Así, si tras la Guerra Civil se dedicó a escribir artículos con pseudónimo en el diario Arriba contra la “secta masónica”, la obsesión por sus conspiraciones contra España llegó hasta el final de su mandato y en su último discurso en octubre de 1975 en la Plaza de Oriente se quejaba de los ataques en el extranjero a las embajadas españolas con estas palabras: “Todo obedece a una conspiración masónica izquierdista de la clase política, en contubernio con la subversión terrorista comunista, en lo social”.

Lo curioso es que en la familia de Franco había un masón: su hermano Ramón, bastante lejano ideológicamente a él y que se hizo famoso como aviador.

El historiador Javier Domínguez Arribas ha escrito que “lo que si parece claro es que la simpatía que sentían por la masonería en el seno de su familia tuvo un papel protagonista” en que Franco considerase a los masones “su peor enemigo, peor aún que el comunismo”.

El recurso a la conspiración judeo-masónica como responsable de los males del mundo moderno es una idea que había comenzado a gestarse en Europa en la segunda mitad del siglo XIX y que había tenido sus mayores difusores en los escritores tradicionalistas católicos franceses.

En el bando de Franco nada más empezar la guerra se convirtió en un eficaz argumento, que llegó a inspirar políticas dirigidas a erradicar ambos colectivos, especialmente a los masones: en el Servicio de Información Militar (los servicios secretos del ejército sublevado) incluso existía una sección antimasónica dirigida por el clérigo Juan Tusquets.

Etiquetas: Historia, Historia de España

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