El contexto literario de Cervantes

El dominio español en Italia nos había aportado algo tan sutil como extremadamente relevante: la revolución cultural que supuso la asimilación del Renacimiento.

Muy Historia
Cervantes

Tres grandes poetas, el barcelonés Juan Boscán, el toledano Garcilaso de la Vega y el granadino Diego Hurtado de Mendoza, se habían decidido a desafiar las normas literarias españolas para seguir los pasos y las técnicas que desarrollaran los autores italianos. Con esa actitud, que ya no tenía vuelta atrás, se modernizaron los esquemas de la poesía y la narrativa castellanas, aunque no sin muchas reticencias, porque es sabido que las novedades en España siempre fueron vistas con alarma y desdén, cuando no con ciega hostilidad.

Pero aquellas sutiles adquisiciones refinaron el gusto artístico y abrieron el camino a otras sensibilidades. La lengua castellana se arriesgó a explorar nuevos caminos, en paralelo a los exploradores y navegantes que sembraban de nombres españoles (Marianas, Carolinas, Filipinas, Marquesas) las islas del Pacífico. Las universidades se poblaron de plebeyos. Hay que decir, sin embargo, que la mayoría de la población era total o parcialmente analfabeta. Se escribía para los nobles, para los funcionarios y para los clérigos. Entre la lista de cargos de los que se podría acusara Felipe II, la Historia no perdonará que durante su largo reinado de cuarenta años no se abriese en España una sola universidad. Nueve había cuando subió al trono y ese mismo número de universidades seguía habiendo cuando murió. Su inmenso poder se aplicó a otras cosas. No convenía, por lo visto, que el pueblo se ilustrase. Resultaba mucho más útil como carne de cañón.

Si el analfabetismo reinaba, el porcentaje de mujeres que sabían leer era bajísimo, e ínfimo el de las que podían apreciar un efecto artístico en lo que leían. Por ello resulta sorprendente que uno de los primeros talentos literarios del reinado de Felipe fuese una mujer, y monja por añadidura. La religiosa carmelita Teresa de Cepeda y Ahumada, que sería canonizada como Teresa de Jesús, fue una mujer completamente excepcional en su tiempo, arrebatada e indomable –tal vez con un punto de histeria–, que pondría los fundamentos de la literatura mística española. Fue secundada con una calidad suprema por su amigo y correligionario carmelita Juan de Yepes, canonizado a su vez como Juan de la Cruz, cuya poesía tiene tanta altura como sencillez y parece escrita en un estado de absoluta beatitud, casi de éxtasis. Por su parte, el polígrafo y poeta agustino Fray Luis de León produjo versos excelentes que han quedado en la Historia de nuestra lengua. 

Más información sobre el tema en el artículo La edad dorada de las letras, escrito por Alberto Porlan. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a El mundo de Cervantes.

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Etiquetas: El Quijote, Literatura, Miguel de Cervantes

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