El arma de la monarquía hispánica

Los tercios de Flandes fueron el primer ejército moderno de Europa. Además de una pieza esencial de la hegemonía del Imperio español en tiempos de Cervantes.

Muy Historia
Flandes

La fuerza de estas modernas unidades militares se centraba en poseer una infantería con gran potencia de fuego que garantizaba su éxito en la batalla. Una vez desplegados los soldados, formaban un cuadro en el que los arcabuceros se intercalaban con los piqueros o se concentraban en los flancos y esquinas. Tras disparar retrocedían para cargar, mientras que su puesto lo cubría un compañero que esperaba detrás. Por supuesto, si uno caía debía ser relevado por los que estaban detrás en reserva, para no dejar nunca ningún hueco, pues el objetivo era conseguir una barrera de fuego continua.

Por su parte, los piqueros apoyaban su pica en el suelo con una inclinación de unos treinta grados, apuntando al pecho del caballo. La cogían con la mano izquierda y se reforzaba el apoyo con el pie, mientras que dejaban libre la mano derecha por si tenían que coger la espada (arma que también llevaban los arcabuceros) cuando los jinetes enemigos fuesen descabalgados. La combinación de piqueros y arcabuceros, que mutuamente se protegían, se reveló como la fórmula defensiva magistral para frenar a la caballería, con tal de que se actuase disciplinadamente. En los cuadros, con diferentes filas de fondo, los soldados estaban separados dos metros unos de otros, lo que les permitía luchar con comodidad. Había diversos tipos de cuadros, pero el más usual estaba compuesto por 31 hombres por lado, a los que se podían añadir mangas de arcabuceros en las esquinas. La decisión de qué tipo de cuadro formar dependía de los generales, del terreno y del enemigo, lo que resultaba algo arriesgado pues luego, en el transcurso de la batalla, ya era muy difícil de alterar; era el llamado “arte de escuadronar”. Como puede verse, la caballería quedó relegada a un segundo plano, pues, como muy bien observó Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, ésta sólo podía ser útil en la batalla atacando contra infantes sin picas o arcabuceros que estuviesen aislados, en proceso de recarga o en desbandada sin formación, o contra la artillería enemiga si se la cogía por sorpresa.

Precisamente bajo la dirección del Gran Capitán, a principios del siglo XVI los tercios arrollaron a los franceses en las batallas de Ceriñola y Garellano, logrando dominar así el reino de Nápoles. Poco después, en el norte de África se repitieron los éxitos, y en los años veinte de ese siglo lograron con la trascendental victoria de Pavía el control del norte de Italia. A finales de su reinado, Carlos V también llevó los tercios a sus campañas alemanas contra los protestantes, con igual éxito. Sus combatientes se nutrían, casi exclusivamente, de españoles, italianos, alemanes y flamencos católicos que, al poco de llegar Felipe II al trono, también batieron a los galos en San Quintín y Gravelinas, en el norte de Francia.

La fama definitiva la alcanzaron en Flandes cuando lucharon contra los rebeldes herejes que se negaban a someterse a Felipe II, así como contra sus aliados alemanes, franceses e ingleses. Los tercios se desplazaban desde Milán hasta Bruselas a través del llamado “Camino español”, unos 1.100 kilómetros, trayecto que recorrieron en cerca de 40 expediciones durante un tiempo que oscilaba entre 32 y 60 días, aprovechando el control español o las alianzas con Saboya, Baviera, Franco Condado, Alsacia y Lorena; era más seguro que el viaje por mar, medio por el que se hicieron muchas menos. La primera expedición fue la del duque de Alba en 1567, cuatro tercios que sumaban unos 11.000 hombres, 1.300 caballos, decenas de cañones y centenares de carruajes y mulas, así como más de mil prostitutas; la última se hizo en 1639. Durante ese período, se envió un total de 50 convoyes formados por españoles e italianos, que alcanzaron casi 200.000 efectivos.

Más información sobre el tema en el artículo Los tercios invencibles, escrito por Juan Carlos Losada. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a El mundo de Cervantes. 

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Etiquetas: Batallas famosas, Guerras, Imperio, Miguel de Cervantes

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