El antipirata con carisma de líder

Barts Roberts, idolatrado por sus hombres, que lo siguieron fielmente hasta el final. Bart el Negro fue un capitán ecuánime. Sus víctimas no lo veían igual.

Luis Otero/S.M.
Bart Roberts

 

Roberts fue un caso atípico entre los piratas. Una descripción de la época lo presenta alto, bien parecido y habitualmente vestido con “elaborados chalecos y pantalones carmesí, una pluma roja en el sombrero y una cadena de oro al cuello con una cruz de diamantes colgada”. A diferencia de la mayoría de sus colegas de profesión, no le gustaba el alcohol. De hecho sólo bebía té, le repugnaba el ron y odiaba ver a sus hombres borrachos. Además era pulcro, se afeitaba, aborrecía el juego, mostraba buenos modales y trataba a todos con amabilidad y respeto, le encantaba la música y contrataba músicos a bordo, y escribía con letra clara y correcta ortografía.

 

Él mismo redactó una especie de código de comportamiento para la tripulación que incluía entre sus artículos la prohibición de jugar por dinero a las cartas y a los dados, la obligación de que cada hombre a bordo mantuviera limpia su indumentaria y armamento, el deber de apagar las candelas a las ocho y la prohibición bajo castigo severo de subir niños o mujeres al barco. También estableció el voto igualitario para todos los marineros a la hora de tomar decisiones y la equidad en el momento de repartir las raciones de comida o agua, que deberían ser iguales para todos sin excepción.

 

El final de Bart llegó en febrero de 1722, cuando fue sorprendido y abordado por dos barcos de guerra británicos en Gabón. El combate fue desigual y el capitán pirata murió por una ráfaga de metralla que le dio de lleno en el cuello. Antes de que capturaran su cuerpo, su tripulación lo arrojó al mar por la borda, siguiendo sus deseos. La mayoría de sus hombres murieron ahorcados.

Etiquetas: Batallas famosas, Historia, Piratas

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