Descartes, padre de la filosofía moderna

Matemático, físico y máximo representante del pensamiento racional, Descartes se declaró enemigo de la escolástica.

F. Cohnen / S.M.
Retrato de Descartes pintado por Frans Hals
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Es considerado unánimemente como el fundador de la filosofía moderna, independientemente de sus grandes aportaciones a las matemáticas y a la física. René Descartes afirmaba que el sujeto pensante puede dudar de todo menos de que está pensando. Al situar la verdad en la propia mente del individuo, el filósofo abrió las puertas al subjetivismo. También señaló que la naturaleza carece de propiedades y sentido propio. Su destino es el de ser utilizada en provecho del hombre. De ahí su defensa de la filosofía práctica, cuyo fin es convertirnos en dueños y señores de la naturaleza, como proclama su gran obra, Discurso del método.

 

Ruptura con Santo Tomás. Sin duda, fue el profeta del desarrollo tecnológico y el que anunció de alguna forma el advenimiento de la Revolución Industrial y la consiguiente explotación de la naturaleza, que tuvo su máxima expresión en el colonialismo europeo. En el Discurso del método, el filósofo arremetió también contra la escolástica que se enseñaba en las universidades, lo que equivalía a romper con el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, hasta entonces una personalidad intocable en el mundo académico.

 

Proceso matemático. El objetivo de su pensamiento era tratar de desterrar el silogismo aristotélico empleado durante toda la Edad Media. Descartes sabía que eso podía acarrearle problemas similares a los que tuvo Galileo con la Iglesia cuando apoyó la teoría heliocéntrica de Copérnico, que establecía que la Tierra y los demás planetas giraban alrededor del Sol. En un intento para evitar ser anatemizado, el filósofo camufló parcialmente la novedad de sus ideas, que a la postre supondrían una verdadera revolución para la teología y la filosofía.    

 

Mente y cuerpo, divididos. Lo esencial de su pensamiento es que centra la base del conocimiento en la “cosa pensante” o “res cogitans”, una idea que se plasma en su famosa frase “pienso, luego existo”. Postuló que mente y cuerpo son las dos sustancias de las que se compone el mundo. Por lo que se refiere a la idea de Dios, el filósofo afirmó que el simple hecho de pensar en su existencia es la prueba de que existe. Descartes redujo la verdad sobre la ciencia y el hombre a dos conceptos básicos: razón y cálculo. Pero fue incapaz de desarrollar un método capaz de comprender al hombre como una totalidad.  

 

Orden y método. Descartes establece unas reglas que no se deben abandonar. Una es el llamado precepto de la evidencia, que consiste en no admitir nunca algo como verdadero si no hay constancia de ello. Otra es el precepto del análisis, que establece dividir las dificultades que tengamos en tantas partes como sea preciso para solucionarlas mejor. Otra regla es el denominado precepto de la síntesis, que ordena nuestros pensamientos, apoyándonos en la solución de las cosas más simples hasta resolver los problemas más complejos. Y por último, el precepto del control, que consiste en revisar nuestro pensamiento constantemente para estar seguros de no haber omitido nada. Descartes fue considerado el pensador de la duda porque afirmaba que en una investigación uno no debe dar por verdadero aquello de lo que pudiera dudarse racionalmente.

 

El agitado final del filósofo

 

Nació en 1596, en La Haye en Touraine, actual Descartes (Francia), en el seno de una familia de políticos. Aprendió física, escolástica y filosofía. En París se rodeó de un grupo de amigos que alababan su capacidad intelectual.

En 1649, el filósofo aceptó la invitación de le reina Cristina de Suecia a visitar su corte, pero el gélido invierno de Estocolmo le provocó una fatal neumonía que acabó con su vida meses después.

En 1676 se exhumaron los restos del filósofo francés del cementerio de Estocolmo y se trasladaron a París, donde fueron enterrados en una iglesia. Durante la Revolución francesa, los huesos de Descartes fueron llevados al Panteón de París. Pero su descanso eterno iba a ser corto. En 1819 sus restos fueron movidos de nuevo para ubicarlos en la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, donde por fin pudieron encontrar reposo.

En 1980, el historiador alemán Eike Pies afirmó que el fallecimiento del filósofo se debió a envenenamiento con arsénico. ¿Fue asesinado? De momento, el misterio no ha sido resuelto.

Etiquetas: Historia, Personajes famosos

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