Trajano, eficaz y apreciado

Marco Ulpio Trajano, primer emperador romano de origen no itálico (hispano), inauguró también la posibilidad de ser adoptado como sucesor. Con resultados magníficos.

Jacobo Storch
El emperador Trajano
Ver artículo Octavio Augusto, creador del Imperio Romano

Hijo de un senador de origen umbrio establecido en Hispania, Marco Ulpio Trajano destacó tempranamente como comandante del ejército, hasta el punto de ser adoptado en el año 97 como hijo y heredero por Nerva, elegido emperador en la ancianidad y que no tenía hijos. De este modo, se activó una nueva forma de acceso al poder imperial: la adopción. Trajano ejercía por entonces como gobernador de la Germania Superior; al año siguiente accedió al poder y antes de ir a Roma se dedicó a la tarea de consolidar las fronteras del Imperio en el Rin y el Danubio, continuamente amenazadas por los germanos. Posteriormente, en dos campañas realizadas en los años 101-103 y 105-106 conquistó toda la Dacia, al norte del Danubio, que convirtió en provincia romana. El propio emperador escribió unos Comentarios sobre sus campañas en Dacia que por desgracia se han perdido, llegando hasta nosotros tan sólo algunos fragmentos.

En sus campañas en Oriente conquistó el reino nabateo, estableciendo así la provincia de Arabia Pétrea. Más al Este, en 116 arrebató la mayor parte del territorio al imperio parto, conquistando su capital, Ctesifonte, y llevando a las tropas romanas hasta las costas del Golfo Pérsico. En su época, el territorium del imperio romano alcanzó su máxima extensión, pues ya su sucesor tuvo que renunciar a algunas de las conquistas del primer “emperador-soldado”, el primero también en haber nacido fuera del territorio itálico. Con tiempo para adoptar y designar como heredero a su sobrino Adriano, murió en Cilicia al regresar de sus campañas contra los partos y sus cenizas se trasladaron a Roma y fueron depositadas en una cripta bajo la Columna Trajana.

Emprendió un ambicioso programa de construcciones en Roma con unas termas gigantescas en el Esquilino y la edificación de su foro, el mayor de todos con los que contó la capital, y cuya columna decorada con un relieve en espiral constituye un original hito en el arte romano, en la que se narran con gran detalle las dos campañas de conquista de la Dacia y en la que aparece el propio emperador en más de 40 ocasiones, realizando sacrificios, arengando a sus tropas, organizando asedios de ciudades o recibiendo la rendición del rey dacio Decébalo.

Popular en el mejor sentido

Su competencia como administrador y sencillez de costumbres le atrajeron una gran popularidad. Procuró gobernar con la colaboración del Senado y compartir tareas de administración, tales como la organización de los alimentos, subsidios para los niños pobres de Italia o la annona (reparto gratuito de comida, mantas, entradas a los espectáculos y a las termas). Es conocida la correspondencia que mantuvo con él Plinio el Joven, colega del emperador en un consulado y amigo suyo cuando era gobernador de Bitinia, así como el texto que le dedicó en su “Panegírico”

Etiquetas: Emperador / emperatriz, Romanos

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