Tesoros del Antiguo Egipto fuera del Nilo

Nueva York, Roma o París cuentan con uno de estos monumentos del Antiguo Egipto.

Place de la Concorde, París.

Buena parte de la esencia del Antiguo Egipto se recoge en los obeliscos, esos monumentos pétreos trapezoidales tallados en un solo bloque de piedra que se colocaban a pares delante de los templos.

 

Estos monolitos causaron sensación entre los romanos, que trasladaron al menos ocho de ellos a la capital del Imperio. Uno de los más conocidos, el Flaminio, construido durante los reinados de Seti I y Ramsés II, fue trasladado por Augusto en el 10 a.C. para su colocación en la espina del Circo Máximo. Recuperado en el siglo XVI por el papa Sixto V, ocupa desde entonces un puesto central en la Piazza del Popolo de Roma.


El siglo XIX volvió a mover estas enormes piezas de Egipto. Hacia 1830, Mehmet Alí ofrecía a Francia uno de los dos obeliscos emplazados delante del templo de Luxor. Champollion, que tuvo un papel clave en esta campaña, fue el encargado de elegirlo. Después de un viaje rocambolesco de más de tres años, la columna se situó en el centro de la plaza de la Concordia en París.

A kilómetros del Nilo y en una colina en pleno Central Park de Nueva York se encuentra una de las agujas de Cleopatra (hay otra en Londres), mandada esculpir por Tutmosis III en la ciudad de Heliópolis. La aguja fue donada en la segunda mitad del siglo XIX por el virrey de Egipto Ismail Pachá, después de la reapertura del Canal de Suez, con el objetivo de fomentar las relaciones comerciales. Es quizás una de las que peor se conserva, ya que el duro clima neoyorquino no beneficia a esta impresionante pieza.

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