Sin misterios en la Gran Pirámide

La Gran Pirámide de Giza, el monumento funerario al faraón egipcio Keops, fue la culminación de un largo proceso arquitectónico.

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La Pirámide de Keops
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No hay otro monumento que suscite tantas especulaciones como la Gran Pirámide, esa enorme estructura que se levanta en la meseta de Giza, junto a El Cairo, y que con sus 146,6 metros fue hasta el siglo XIV la obra humana más alta. Además, para construirla se emplearon dos millones de grandes bloques de piedra  de unas 2,5 toneladas cada uno. Por sus características se ha puesto en duda que fuera erigida por el pueblo egipcio, ya que estaba muy atrasado, de manera que, en realidad, tuvieron que hacerla los extraterrestres o los atlantes; que nunca fue una tumba como sostienen los historiadores; que sus medidas encierran un código secreto, que su forma y proporciones la convierten en un condensador de la energía cósmica…

Pero los historiadores consideran que la Gran Pirámide es el monumento funerario de Keops, faraón de la IV Dinastía que reinó entre 2551 y 2528 a.C. En aquella época, Egipto era una gran potencia gobernada por un rey-dios, con una compleja organización política y social, y que utilizaba la escritura desde 500 años antes. Los habitantes del valle del Nilo disfrutaban de sistemas de canalización y riego, y habían redactado ya el primer tratado de cirugía. No eran un pueblo primitivo, ni un elemento arquitectónico aislado surgido en el desierto de la noche a la mañana.

La Gran Pirámide es la obra funeraria cumbre de un proceso que empieza con el enterramiento bajo un montón de tierra, arena o piedras; prosigue con la construcción en adobe de mastabas –edificios funerarios de techo plano–; asciende hacia el cielo con la superposición de mastabas de piedra de la pirámide escalonada de Saqqara; se empieza a convertir en auténtica pirámide en la inclinada de Esnefru, cuyo ángulo se corrigió sobre la marcha; y culmina con la de Keops.

Los arqueólogos no sólo saben que se levantó para ser la tumba de ese faraón, sino también cómo fue construida –utilizando rampas–, de qué canteras salió la piedra, cómo se transportó, cómo se planificó todo, y dónde y cómo vivieron los obreros –no esclavos– que la edificaron. Según el egiptólogo Mark Lehner, pudo levantarse con cuatro grupos de 25.000 obreros trabajando en turnos de tres meses durante 20 años. Las exigencias logísticas fueron enormes, por eso se dice que no fue Egipto el que construyó la Gran Pirámide, sino que fue ésta la que estructuró el país.

 La magia está en su belleza arquitectónica

La energía de las pirámides no existe. Muchos españoles oyeron hablar de ella en El poder mágico de las pirámides (1974), de Max Toth y Greg Nielsen, quienes sostenían que, si se metía una cuchilla de afeitar en una pequeña pirámide de cartón, el filo se regeneraba y duraba más tiempo. El negocio de las hojas de afeitar y el de los frigoríficos –decían también que la pirámide conservaba la carne– son la mejor prueba de que la historia de la energía piramidal tiene tanto fundamento como la idea de Robert Bauval de que los monumentos de Giza son un reflejo de la constelación de Orión en la Tierra. Lo que hace este ingeniero egipcio es quitar del mapa de la meseta aquellas edificaciones –sólo pirámides, hay otras once en Giza– que no encajan con su teoría y con la imagen de la constelación del cazador.

Etiquetas: Antiguo Egipto, Pirámides

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