Queronea, la gran victoria de Macedonia

La batalla de Queronea enfrentó, el 2 de agosto del año 338 a.C., a la emergente Macedonia de Filipo contra Atenas y Tebas.

Hoplitas
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Esta batalla, una de las más famosas de la Antigüedad de las que se tiene noticia, se libró cerca de la ciudad griega de Queronea, en Beocia, entre las fuerzas comandadas por el rey Filipo II de Macedonia y una alianza de polis helenas encabezada por Atenas y Tebas. Sucedió el 2 de agosto de 338 a.C., fue la culminación de la campaña griega de Filipo y terminó con una victoria decisiva de los macedonios. Además, en ella destacó por vez primera como un gran militar el hijo del rey, por entonces un joven de apenas 18 años, que pasaría a la Historia como uno de los personajes más míticos de todos los tiempos: Alejandro Magno.

Filipo II, tras ascender al trono en 359 a.C., había ampliado sus dominios por Tracia y Calcídica aprovechando que Atenas y Tebas, las polis más poderosas del mundo heleno, se hallaban inmersas en la Tercera Guerra Sagrada en el centro de Grecia. En 346 a.C. Filipo puso fin a dicha guerra, haciéndose de paso con un reino cada vez más extenso y un poderoso ejército, lo que lo convirtió en el nuevo líder griego. Este inmenso poder fue percibido como una amenaza a su libertad por las independientes polis griegas, especialmente Atenas, donde Demóstenes se opuso a la creciente influencia del rey macedonio. La alianza de la ciudad-Estado ática con los enemigos de Filipo hizo que éste le declarase la guerra y, en el verano de 339 a.C., comenzó la campaña griega que culminaría con la batalla de Queronea.

En la batalla, una de las más decisivas del mundo antiguo, combatieron 30.000 hoplitas (soldados de infantería) y 2.000 jinetes por el bando macedonio, según el historiador Diodoro Sículo, y unas fuerzas algo superiores de la alianza tebano-ateniense. Filipo tomó el mando del ala derecha de su ejército y dejó a Alejandro a cargo del ala izquierda. Las tropas de Atenas y Tebas fueron aniquiladas, con lo que la guerra acabó abruptamente. Todas las polis -excepto Esparta- aceptaron la supremacía de Macedonia y se creó así la Liga de Corinto, que convirtió a Filipo en garante de la paz interior y a la vez en strategos (general) de una guerra panhelénica contra Persia. Antes de iniciarse ésta, Filipo fue asesinado y el trono de Macedonia y, con él, la responsabilidad de conducir la guerra contra los persas recayeron en su hijo Alejandro Magno. Pero esa es ya otra historia.

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