Prisciliano, un apóstata mediático.

Tras ser decapitado, se convirtió en el primer hereje ajusticiado por la Iglesia a través de una institución civil

I. Marina / S. M.
El actor francés Jean-Claude Carrière interpretó a Prisciliano en la satírica película de Luis Buñuel La Vía Láctea (1969).

Sus adeptos se encontraban en reuniones nocturnas celebradas en bosques o cuevas y allí bailaban como parte de la liturgia, en la que participaban tanto hombres como mujeres. No comulgaban con pan y vino, sino con leche y uvas. Además, creían en el emanantismo, es decir, en que el alma surge de una especie de almacén y desciende luego al mundo material donde, inevitablemente, es corrompida por el maligno.

Prisciliano nació en Gallaecia –noroccidente peninsular– alrededor del 340 y a los treinta y nueve años empezó a predicar doctrinas heréticas, si bien ya se había aficionado a la magia desde su juventud.

Empeñado en propagar la gnosis y el maniqueísmo, este hijo de familia noble se ganó a miembros de su clase y a plebeyos, incluso a obispos, como Instancio y Salviano.

El priscilianismo se extendió enseguida de Gallaecia a Lusitania, y de allí a la Betica, de modo que en el año 380 se reunió un concilio en Zaragoza para atajar sus progresos.

Fueron excomulgados los prelados Instancio y Salviano y los laicos Helpidio y Prisciliano. Poco después, los dos prelados excomulgados elevaron anticanónica y tumultuariamente a la silla de Ávila a Prisciliano.

Así las cosas, el metropolitano de Mérida, Idacio, y el obispo Itacio acudieron a los jueces imperiales. Éstos arrojaron de las iglesias a algunos priscilinianistas y el mismo emperador Graciano decretó en 381 el destierro de los herejes hispanos.

Parecía que las aguas volvían a su cauce, pero al año siguiente Prisciliano, Instancio y Salviano fueron a Roma para que el Papa, san Dámaso, revocara la excomunión. Por supuesto, el pontífice se negó a concederles audiencia.

Finalmente, aprovechando la ausencia de Graciano, convencieron a su magister officiorum de que anulara el decreto imperial. Satisfecho, el grupo volvió a Hispania y consiguió que Itacio fuera acusado de perturbador de la Iglesia; tras ser detenido, el obispo antipriscilianista se vio obligado a huir a Tréveris.

En el año 383, el hispano Magno Clemente Máximo, gobernador de Britannia, cruzó las Galias, y sus 130.000 soldados hicieron huir al emperador Graciano, siendo Máximo nombrado nuevo emperador de Occidente. Esto no agradó a Teodosio, emperador de Oriente, de modo que buscó el apoyo de la Iglesia. Máximo condenó el priscilianismo, pero la aplicación de una sentencia por herejía implicaba la confiscación por el Estado de los templos de la secta, lo que no interesaba a la jerarquía eclesiástica ni servía a los intereses del Emperador.

¿La solución? Recurrir a un proceso judicial que condenara a los obispos relapsos por brujería, lo que incluía requisar las propiedades personales de los acusados. Se convocó un nuevo concilio en Burdeos, al que acudieron Prisciliano y sus discípulos. En él se condenó de nuevo la herejía pero sólo se obtuvo la deposición de Instancio de su sede.

Prisciliano abandonó el cónclave para dirigirse a Tréveris, donde Máximo había establecido su corte, para convencerle de que mediara en su favor, sin saber que Itacio ya planeaba acabar con su vida.

En el año 385 Prisciliano llego a Tréveris, donde fue acusado por Evodio, prefecto del Emperador, de practicar rituales mágicos. Prisciliano confesó y fue decapitado junto a seis seguidores. Se convertía así en el primer hereje ajusticiado por la Iglesia a través de una institución civil.

Etiquetas: Historia, Iglesia

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