Los primeros pasos de la civilización egipcia

El progresivo cambio climático acabó con la caza de animales salvajes, lo que obligó a las primeras comunidades del período predinástico a esmerarse en el cultivo de alimentos.

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Egipto

El progresivo cambio climático acabó con la caza de animales salvajes, lo que obligó a las primeras comunidades del período predinástico a esmerarse en el cultivo de alimentos. La agricultura y la ganadería transformaron a aquellos nómadas y seminómadas en individuos sedentarios. Ellos fueron los que crearon los primeros asentamientos urbanos. Los más fuertes y capacitados comenzaron a acumular excedentes de cosechas y a acaparar territorios, convirtiéndose en líderes de la recién nacida comunidad.
Tras enriquecerse, ampliaron los límites territoriales de la comunidad, y poco después fundaron las primeras ciudades bajo su mando. Aquel proceso transcurrió en paralelo al de la religión. Algunas de las culturas conocidas más antiguas son las de El-Fayum (en torno al 6000 a.C.), en el norte de Egipto, y la Badariense (5500 a.C.), que prosperó en el Sur gracias al cultivo agrícola y a la ganadería. Los enterramientos muestran diversos objetos funerarios: paletas de piedra, peines de marfil, figuritas de arcilla, pulseras, collares y otras joyas.
En la orilla occidental del Nilo, a veintiséis kilómetros al norte de Luxor, se han encontrado los restos de la cultura Nagada (3800-3050 a.C.), que albergaba un templo dedicado al dios Seth, quien más adelante pasó a ser uno de los más importantes del panteón egipcio. Otro emplazamiento predinástico fue Abidos, en el que los arqueólogos han desenterrado restos de monumentos dedicados a todos los monarcas de la primera dinastía y a dos de la segunda, incluido el complejo funerario del rey Jasejemuy.

En la concepción de los antiguos egipcios, el Sur ocupaba la parte superior de su mapa mental, mientras que el Norte quedaba debajo. Los egiptólogos han utilizado esta visión del territorio para denominar “Alto Egipto” a la parte sur del país y “Bajo Egipto” a la parte norte. En su visión del mundo, los egipcios situaban el origen del Nilo en la primera catarata, cerca de la moderna ciudad de Asuán. En las orillas del río florecieron los principales centros habitados, entre ellos, Tebas, la mayor ciudad del Alto Egipto durante la mayor parte de la Historia del país.

A lo largo de los siglos, los artesanos especializados tuvieron que desarrollar nuevas tecnologías para crear objetos valiosos para la nueva clase dirigente, lo que estimuló el comercio interior y exterior. Los enterramientos de las clases privilegiadas se fueron volviendo cada vez más elaborados, con la inclusión de ricos ajuares funerarios. El proceso se fue acelerando y la sociedad se hizo cada vez más compleja. Las comunidades del Alto Egipto (el Sur del país) se unieron en torno a tres grupos, cada uno de ellos gobernado por un monarca hereditario. Recientes excavaciones desvelan que los reyes eran enterrados con parte de sus sirvientes, que eran asesinados para tal fin. La cámara funeraria de Dyer, tercer rey de la I Dinastía (2900 a.C.), está rodeada por 318 tumbas secundarias con los restos de miembros de su séquito, así como de algunas mascotas reales.

El Nilo y su inundación anual cumplieron un papel clave en la concepción estatal y religiosa de los reyes egipcios. De hecho, fue uno de los primeros mitos de la creación para los antiguos pobladores de aquel vasto territorio. Según las creencias de los antiguos egipcios, sus aguas retrocedieron para desvelar la presencia de un montículo de tierra primigenio en el que se sentaba el dios Atum, el creador del Universo. Los templos solían contener una réplica de aquel montículo primigenio, que recreaba la formación del mundo.

El poder del rey era su divino conocimiento de las claves religiosas que facilitaban la llegada anual de la inundación del Nilo, un proceso fundamental para facilitar el cultivo de los campos y propiciar grandes cosechas. Como representante de Dios en la Tierra, el faraón delegaba sus funciones en los sacerdotes, que pasaron a ser una casta poderosa y privilegiada. Ellos reunían los conjuros que guiaban el alma del faraón en su viaje al más allá. También marcaban los rituales que debían seguir los egipcios para adorar a los dioses que regían los destinos del país.

Remite al dossier Crónica del Egipto faraónico, de Fernando Cohnen, en la revista Muy Historia número 69.

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Etiquetas: Antiguo Egipto, Civilizaciones, Egipto

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