Las mujeres de Alejandro

Te damos un adelanto de lo que encontrarás en el nuevo número de Biografías, dedicado a Alejandro Magno.

Muy Historia
Alejandro

La madre del rey macedonio le otorgó no sólo un nacimiento mítico, sino también un linaje que lo vinculaba con Aquiles, el héroe que fue siempre el espejo en que Alejandro quiso verse reflejado; especialmente, desde el momento en que, al iniciar la campaña de Asia, visitó su legendaria tumba en Troya. Esa noble estirpe, heredera de Aquiles, le confirió a Olimpia un lugar de madre y de reina consorte que perduraría incluso después de que Filipo hubiese contraído matrimonio con otra mujer y su primera esposa sufriese así la humillación de verse relegada. En este sentido, se conserva un camafeo de Alejandría donde Alejandro aparece, excepcionalmente, emparejado con su madre. ¿Por qué lo representan con la madre y no con alguna de sus esposas, como era habitual en la modalidad ptolemaica? Quizá porque tanto Roxana como Estatira –como veremos a continuación– habían sido mujeres persas, y no griegas, por lo que se las consideraba ajenas al mundo y las costumbres helénicas. Que la figura femenina del camafeo es Olimpia nos lo confirma precisamente el detalle de la serpiente en la parte superior de su cabeza.

Aunque Olimpia siempre fue considerada peligrosa por su fama de hechicera y por sus conspiraciones palaciegas, Alejandro pidió para ella “la consagración de la inmortalidad”. Sin embargo, nunca la llevó a vivir con él en la ciudad de Babilonia.

De Campaspe (o Pancaspe), la primera amante conocida de Alejandro, existe un abundante repertorio de representaciones artísticas desde el Renacimiento hasta la primera mitad del XIX. Estas obras de arte inmortalizan un episodio narrado por Plinio en su Historia Natural, en el que Alejandro encarga un retrato de la hetaira al pintor Apeles que, al contemplar el cuerpo desnudo de la joven, se enamora de ella de tal modo que Alejandro termina por entregársela.

Con este gesto, el príncipe macedonio, muy joven todavía, mostraba ya señales de magnanimidad, generosidad y templanza, puesto que su deseo más instintivo no lo precipitó hacia senderos posesivos ni actitudes soberbias. En cualquier caso, este episodio deja traslucir el aprecio por las artes de la monarquía macedónica –su padre, Filipo, se había rodeado ya de artistas y poetas– y, también, la extraordinaria recompensa a un artista poseedor de una especial sensibilidad para captar la belleza.

Más información sobre el tema en el artículo Compañeras de un mito, escrito por Mireia Rosich. Aparece en el último BIOGRAFÍAS de MUY HISTORIA, dedicado a Alejandro Magno.

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Etiquetas: Alejandro Magno, Personajes famosos

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