Julia Augusta Agripina

Emperatriz y madre del emperador Nerón. Intrigante en las cortes de Calígula, Claudio y Nerón, se le atribuyen conspiraciones a lo largo de los tres reinados

J. Stroch / S. M.
Julia Augusta Agripina

Hija del popular general Germánico y de Agripina Maior, era hermana de Calígula y como sus otras hermanas, sospechosa de incesto con su hermano. Con semejante historial familiar, no era de extrañar que empleara su fuerza de carácter y su desmedida ambición en lograr su voluntad, si bien también conoció adversidades de todo tipo.

Desde la vida en campaña a la que acostumbraron sus padres a todos los hermanos, yendo de una parte a otra, hasta el exilio al que la condenó su propio hermano Calígula, pues había perdido su favor al fallecer su hermana Livila, porque llegó a sospechar de su participación en conspiraciones.

Casada muy joven con Cneo Domicio Enobarbo, un nieto de Marco Antonio, tuvo con él a Nerón, el futuro emperador; así, el último julio-claudio era bisnieto de Antonio y tataranieto de Augusto. Con la ascensión de su tío Claudio al poder, se levantó su castigo y regresó del exilio. Inmediatamente aprovechó su situación personal para casarse con él una vez que enviudó de Mesalina.

Con un imperturbable equilibrio, mostró la misma afición que su hermano a la práctica del terror: una vez casada con Claudio, sometió a éste a un “riguroso y casi masculino despotismo” según Tácito, pues se desató en ella la sed por el poder y, una vez alcanzado, aprovechó todas sus posibilidades, incluyendo la intriga, para desplazar a Británico, el hijo del Emperador, y sustituirlo por su hijo Nerón.

Todos sus esfuerzos se encaminaron implacablemente a su propio engrandecimiento y el de su hijo: casó a éste con Octavia, la hija de Claudio, hizo que el emperador nombrara a Nerón tutor de Británico, y consiguió que regresaran del exilio un grupo de personajes que colocó en las esferas del poder, Séneca entre ellos, ganándose así su fidelidad.

A los opositores les aplicó un estrecho cerco de espionaje y de procesos por traición que finalizaban siempre en condenas a muerte.

Todo ello le supuso una posición de poder que ejercía sin control, si bien siempre temió la reacción de su esposo; por ello, aceleró el proceso de encumbramiento de su hijo y, de forma paralela, la eliminación del viejo emperador.

Las fuentes hablan de la intervención directa de Agripina en la muerte de Claudio por envenenamiento y asfixia, tras lo cual colocó a Nerón en el trono imperial.

Agripina ejerció el control de su hijo a través de la figura de su preceptor Séneca, si bien acabó sufriendo las iras de éste, convertido paulatinamente en “la bestia y monstruo salvaje”, tal y como dijera de él Marco Aurelio en sus Meditaciones.

Caprichosa y violenta, la madre acabó siendo víctima de un hijo cada vez más despótico, que mandó matarla a palos después de que sobreviviera a un naufragio intencionado en las aguas del golfo de Nápoles.

Etiquetas: Historia, Mujeres, Romanos

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