La inagotable necrópolis egipcia de Saqqara

En las proximidades de El Cairo se encuentra Saqqara, también conocida como la “Ciudad de los Muertos”.

Antonio Pérez Largacha / S. M.
Momia de buey Apis

Desde la I dinastía hasta los primeros siglos de nuestra era fue la necrópolis de Menfis –capital de Egipto–. Este extenso yacimiento está presidido por la pirámide escalonada de Djoser y, desde el siglo XIX, ha aportado asombrosos descubrimientos: el Serapeum, la necrópolis de los bueyes sagrados del dios Apis descubierta por Mariette en 1851; las mastabas de los principales funcionarios de las dos primeras dinastías excavadas por W. Emery con anterioridad a la II Guerra Mundial; y los complejos piramidales de los faraones de la V y VI dinastías, en especial de Unas, donde se escribieron por vez primera los Textos de las Pirámides.

En los últimos años, los descubrimientos han continuado y la misión arqueológica conjunta del Museo de Leiden y la Egypt Exploration Society halló la necrópolis de los altos funcionarios del Reino Nuevo (1500-1200 a.C.). Tumbas como la de Maya –que fue el tesorero del faraón Tutankhamón– o la que se construyó Horemheb antes de llegar a gobernar, en nada desmerecen a las construidas en el Valle de los Nobles, en Tebas.

Este mismo año, cuando se estaban excavando los alrededores del enterramiento del Sumo Sacerdote Meryneith, los arqueólogos encontraron la tumba de Ptahemwia, un alto funcionario en tiempos del faraón Akhenatón. Las escenas funerarias descubiertas reflejaban la expresividad y cotidianeidad características del arte amarniense.

Aunque habían sido saqueadas en la Antigüedad y fueron realizadas con materiales más pobres como el adobe, las pinturas de estas tumbas nos informan sobre el funcionamiento de la administración, incluso en tiempos de Akhenatón, cuyo reinado en modo alguno supuso la parálisis del país. Se trata de unos enterramientos que adoptan la forma de un templo, con una puerta de entrada, un patio interior con columnas, un pozo que conduce a la cámara funeraria y varias capillas.

En Saqqara también trabaja una misión australiana que, dirigida por Naguib Kanawati, descubrió en 2005 la tumba de Mery, un hijo del faraón Pepi II. En junio del mismo año los arqueólogos hallaron también otra mastaba en las cercanías de la pirámide de Teti, de finales de la V dinastía o comienzos de la VI, que pertenece al escriba Ka-Hay y su esposa Spri-Ankh. También en 2005, una misión egipcia dirigida por Zahi Hawass encontró sarcófagos y monumentos funerarios en las proximidades de la pirámide de Teti.

La misión de la Universidad de Waseda (Japón) ha hallado tres sarcófagos, dos de ellos del Reino Medio, el periodo hasta el momento peor documentado en este inmenso yacimiento.

Todo ello viene a confirmar que, como expresó Zahi Hawass, Saqqara posiblemente sea el único lugar de Egipto donde, si se excava en cualquier lugar, se encontrará algo. Por esta razón, en los últimos años se ha desarrollado un estudio geofísico de Saqqara para detectar estructuras subterráneas que favorezcan la excavación y preservación.

En abril de 2006 se abrió un museo que lleva el nombre de una de las personas que más reconocimiento tuvo ya en la Antigüedad: Imhotep. Se trata del arquitecto de la pirámide escalonada de Djoser y fue identificado con Asclepio por los griegos. Este nuevo museo refleja uno de los objetivos del gobierno egipcio y de Zahi Hawass: la existencia de centros que ofrezcan la posibilidad de contemplar los últimos descubrimientos y el inmenso patrimonio artístico de Egipto. Además, este museo ha dedicado una de sus salas a la memoria del francés Jean Philippe Lauer, un arquitecto que se volcó en el estudio y restauración del complejo piramidal de Djoser.

Etiquetas: Egipto, Historia

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