El mejor arma del Imperio sasánida

El ejército persa sasánida debió sus victorias más contundentes a un arma infalible: su caballería

Sapor I y el emperador Valeriano
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El ejército persa fue determinante en sus éxitos. El grueso estaba formado por una infantería disciplinada y armada con espada, lanza y escudo. Los arqueros eran una unidad muy importante que escoltaba a la infantería, con la misión de acosar al enemigo a distancia y debilitarlo antes del choque cuerpo a cuerpo o de la carga de la caballería. Pero ésta era la estrella del ejército: habían recogido las enseñanzas y la fuerte raza equina de los partos. Estos animales alcanzaron fama rápidamente y fueron exportados a China y a Bizancio (a esta última, de contrabando). Eran fuertes y altos, capaces de resistir el clima seco y de aguantar el peso de un jinete no sólo con su armadura sino también con protecciones metálicas, lo que supuso la aparición de la primera caballería acorazada de la Historia.

Los bizantinos los llamaron catafractos y rápidamente los imitaron con gran éxito. La adopción del estribo, traído por los hunos de Asia Central hacia el siglo V, aún dio más poder a los jinetes sasánidas, que al apoyarse en los pies sujetaban mejor la montura y podían cargar con más ímpetu sin ser desmontados. Muchos de ellos llevaban (aparte de la lanza) arco y flechas y eran muy diestros en dispararlas mientras cabalgaban. Estos jinetes pertenecían a la nobleza y vivían distribuidos por todo el Imperio junto a comunidades rurales a las que protegían de bandidos y nómadas, recibiendo a cambio alimentación y paga.

Casi invulnerables

Cuando se declaraba una guerra, se concentraban para actuar como cuerpo homogéneo en las batallas. Las corazas que llevaban jinetes y caballos los hacían casi invulnerables, por lo que su carga era difícil de detener. Sólo una caballería pareja podía contrarrestarlos, o si acaso una infantería muy disciplinada que con sus escudos o lanzas aguantase la acometida. Si no se disponía de estas fuerzas, sólo las fortificaciones defensivas o el cansancio de los animales podían frenar sus ataques.

Etiquetas: Antigüedad, Ejército, Imperio

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