El despertar de Macedonia

El último número especial "Biografías" de Muy Historia va dedicado a Alejandro Magno. Aquí tienes un adelanto.

Muy Historia
Macedonia

En algún momento de finales del siglo VIII este ethnos, que reconocía en Macedón, hijo de Eolo, a su más ilustre antepasado, descendió desde las tierras altas hacia las llanuras aluviales de la Baja Macedonia, fijando en Egas el centro político y administrativo de la dinastía hegemónica, los Argéadas, que habría logrado emerger de entre la constelación de linajes locales que acaudillaban las diferentes subetnias del crisol macedonio. El mito del exilio de los Teménidas, probablemente, no es mucho más antiguo que la voz de su primer cronista, Heródoto, que al igual que Tucídides (o el Arquelao de Eurípides, donde también se recoge, con variaciones, la leyenda) se habría hecho eco de un relato construido por Alejandro I en la primera mitad  del siglo V a.C. y apuntalado por Arquelao a comienzos de la centuria sucesiva en el empeño por argumentar el origen griego de su linaje, tratando de enfatizar las raíces helenas de los macedones. Una cosa es cierta: en tiempos de Heródoto y Tucídides nadie en Macedonia dudaba de la veracidad del mito, y por extensión del origen griego de una monarquía que descendía del mismísimo Heracles.

 

Por tanto, ¿se podía considerar helenos a los macedones? Muchos escritores griegos contemporáneos desdeñaban a sus vecinos macedonios, a los que veían como incivilizados bárbaros, y a lo largo del siglo IV a.C. Demóstenes y otros grandes políticos atenienses subrayaron con ahínco la no helenidad de esta región en un contexto de abierto enfrentamiento con Filipo II y su agresiva política expansionista. El griego era con seguridad una lengua de uso corriente en la antigua Macedonia, y por otro lado la práctica totalidad de nombres y topónimos macedonios conocidos son de origen griego. No sabemos casi nada del dialecto macedonio que, según las fuentes, empleaban habitualmente para comunicarse las unidades de infantería del ejército de Alejandro en Asia. Apenas sobrevive un puñado de vocablos inequívocamente macedonios y, aunque se infiere la influencia iliria y tracia, no podemos siquiera intuir las raíces lingüísticas de este dialecto. Por contra, la evidencia arqueológica apunta a la omnipresencia del griego en el día a día de la corte y la administración.

Es más que probable que los macedonios fueran bárbaros a ojos de los griegos no por razones de índole étnico-lingüística, sino simplemente por lo arcaico de sus instituciones y lo rústico de algunas de sus costumbres (no mezclaban el vino con agua, a la manera griega). Así, hay que entender los prejuicios de las polis griegas hacia Macedonia como la proyección de una cierta arrogancia cultural del sur hacia el norte. Al fin y al cabo, los macedonios eran un pueblo de simples pastores, apegados a estructuras tribales muy primitivas con un modelo institucional nada sofisticado, al servicio de un reino en el que apenas existían ciudades dignas de llamarse así.

 

Más información sobre el tema en el artículo Nace una nueva potencia, escrito por Roberto Piorno. Aparece en el último BIOGRAFÍAS de MUY HISTORIA, dedicado a Alejandro Magno.

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Etiquetas: Alejandro Magno

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