Disfrute sexual en el Olimpo

En la Atenas de Pericles, el hedonismo marcaba la vida de la clase privilegiada.

Fernando Cohnen / S. M.
Júpiter (Zeus) se acerca a Antíope

“Mujeres, muchachos, juegos... ¿De qué sirve vivir si se pierde todo esto?”, recordaba Aristófanes en su obra Las nubes. El erotismo estuvo siempre tan presente en la historia griega, que los dioses del Olimpo no podían hacerle ascos a los goces que practicaban los vulgares mortales. El gran Zeus y su mujer Hera mantuvieron aventuras sexuales extraconyugales con otras criaturas celestiales. Como afirmaba Píndaro, “lo primero es la felicidad y luego la reputación”. Además de seducir a jóvenes semidiosas, Zeus no tuvo reparos en mantener relaciones íntimas con el efebo Ganímedes.

Mientras Apolo caía rendido ante los encantos del joven Jacinto, Hermes seducía a las ninfas que se cruzaban en su camino. En aquel Olimpo de disipación y desenfreno, los dioses más hedonistas fueron Afrodita –reina del amor y el erotismo–, Dionisos –al que se veneraba como inductor del acto sexual– y su hijo Príapo –al que frecuentemente se representaba con un gigantesco falo–. En una sociedad tan fascinada por el desnudo masculino, el pene era el gran símbolo del poder y la fertilidad.

Grandes falos de madera presidían las procesiones devotas en honor de Dionisos. Esculturas de dioses con grandes miembros adornaban los escenarios de teatro y los templos. De hecho, los penes eran considerados grandes amuletos para alejar el mal de ojo o para adquirir fuerza física y potencia sexual.

El goce carnal era tan importante que en algunos casos se convirtió en un ritual religioso. Muchas vírgenes de familias acomodadas eran llevadas al templo de Afrodita, en donde servían sexualmente a los fieles. El templo de Afrodita en la ciudad de Corinto era atendido por mil jovencitas que hacían las delicias de los más devotos. Eros, el hijo de Afrodita, se convirtió en el símbolo del sexo. Fue Eurípides el que lo retrató con arco y flechas, lo que dio origen al Cupido que ha llegado hasta nuestros días.

Etiquetas: Historia, Mitología

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