Cleopatra, esa gran desconocida

Cleopatra fue una mujer inteligente, astuta y seductora, pero no una gran belleza, tal y como sostenía la leyenda.

Cleopatra

 

 

Los historiadores romanos fueron los primeros en forjar esa leyenda, negándole su protagonismo en la Historia. Pero Cleopatra era una mujer poderosa y habilidosa que supo moverse en las resbaladizas arenas de la política internacional.

Fue la última reina del Antiguo Egipto de la dinastía ptolemaica. Nació hacia el año 69 a.C. y murió treinta y nueve años después. En su testamento, su padre ordenó que contrajera matrimonio con su hermano Ptolomeo, un manejable niño de doce años que fue alentado por varios consejeros para que se alzara en armas contra su hermana. El complot coincidió con la llegada de César a Alejandría, cuyo ejército derrotó al del pequeño Ptolomeo.  Cleopatra sedujo a César y tuvo un hijo con él, Cesarión, que fue la baza de la reina egipcia para unir su país a Roma, un sueño que no pudo cumplir. El joven vástago de César fue asesinado años después por orden de Octavio, que no quería competir con otros pretendientes al trono de Roma. Tras la trágica muerte de César, el gobierno del Imperio pasó a depender de un triunvirato compuesto por Octavio, Lépido y Marco Antonio.

Paseo por el amor y la muerte

Este último viajó a Egipto y también cayó rendido ante los encantos de Cleopatra, que según Plutarco era menos bella que Octavia, la mujer del general romano y hermana de Octavio. Pero si Plutarco estaba en lo cierto, ¿cuál era el secreto de la reina egipcia para atraer tanto a los hombres? Es probable que su atractivo proviniera de su exotismo y fuerte personalidad.

Mientras Marco Antonio y Cleopatra vivían su historia de amor a orillas del Nilo, la cohesión del triunvirato se fue resquebrajando. La relación empeoró cuando Marco Antonio repudió a Octavia. Su hermano, el poderoso Octavio, logró hacerse con el testamento secreto de Marco Antonio, en el que nombraba heredera a Cleopatra y a sus hijos y dictaminaba que Alejandría sustituiría a Roma como centro de poder del Imperio. Al hacerlo público, el pueblo reaccionó contra la usurpadora y Roma declaró la guerra al amante de Cleopatra.

Agripa derrotó a la flota del general romano, dando la victoria final a Octavio. Marco Antonio, engañado por un falso informe sobre la muerte de la reina egipcia, se suicidó dejándose caer sobre una espada. Siendo consciente de que ya no podría seducir al frío y calculador Octavio y temiendo que el nuevo hombre fuerte del Imperio la exhibiera en Roma encadenada como una esclava, Cleopatra eligió morir ofreciéndose al mordisco de un áspid. A la reina le concedieron su deseo de ser enterrada junto a Marco Antonio, pero todavía hoy se desconoce el lugar de la sepultura.

Etiquetas: Amores históricos, Antiguo Egipto

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