A la espera de un mesías

Cuando el yugo romano se hizo patente, volvieron a rescatarse los pronósticos religiosos de que un personaje tal sería el salvador de los judíos.

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Además, la fe en el mesianismo había realizado progresos entre diversos grupos y sectas judías. El más destacado de todos los colectivos con creencias mesiánicas lo formaron los esenios. Hoy esta secta es recordada, sobre todo, por haber sido sus miembros los autores de los famosos Manuscritos del mar Muerto o Rollos de Qumrán.

La comunidad esenia era un movimiento de judíos extremadamente piadosos que surgió, como muchas otras de la época, durante la revuelta macabea del siglo II a.C., en la que Judea se independizó de la dinastía de origen griego de los seléucidas, continuadores de la conquista de Alejandro Magno.

El líder de la secta mesiánica esenia era un personaje carismático al que una carta se refiere como “Maestro de Justicia”, sin dar su nombre. Habría sido enviado por Dios para guiar a los judíos azotados por una epidemia de cólera. El Maestro de Justicia, que es claramente una figura de corte mesiánico, se enfrentó a un rival interno que la misma carta llama “Hombre de mentiras”, o “Diseminador de mentiras”. Se produjo un cisma religioso en la comunidad, que obligó a huir al maestro y a sus seguidores, ya que también sufrían la hostilidad de fariseos y saduceos, facciones mayoritarias en la sociedad judía del momento.

De esta forma, una parte de los esenios se retiraron al desierto de Judea, con el objetivo declarado de “preparar el camino del Señor”, cuya llegada –estaban convencidos– se acercaba. En el enclave que ellos llamaron Damasco y que hoy conocemos como Qumrán establecieron una comunidad de discípulos –similar a un monasterio– a la que sólo se podía acceder tras pasar por un exigente proceso de selección e instrucción. Había que aceptar una serie de normas de vida en comunidad, como la cesión de todos los bienes y la distribución igualitaria de lo obtenido con el trabajo personal.

En ese monasterio de Qumrán, un paraje árido cercano al mar Muerto, se escribirían los hoy célebres manuscritos, uno de los cuales es la carta antes referida que menciona al Maestro de Justicia. Estos textos fueron descubiertos casualmente en 1947 [ver artículo “La arqueología que busca a Dios”].

El enfrentamiento descrito en la carta podría haber sido protagonizado, además del anónimo líder esenio, por un sumo sacerdote, Jonatán Macabeo, uno de los que derrotó a los seléucidas y que se convirtió en una figura poderosa. Su hostilidad explicaría la animosidad que guardaban los esenios hacia el grupo de los macabeos, liderado por cinco hermanos con este apellido, de los cuales Jonatán llegaría a ser el más destacado dirigente.

La persecución de los esenios continuaría durante los reinados posteriores de Aristóbulo I y Alejandro Janeo; ambos los hostigaron con crueldad. No todos los especialistas aceptan que este grupo estuviese desvinculado de la oposición a los reyes títeres de los romanos y ven sus textos como una manera alegórica de abogar por la rebelión.

Remite al artículo Esperando al Mesías, de José Ángel Martos en el especial "Jesucristo. el hombre y su tiempo". 

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Etiquetas: Historia, Jesucristo, Religión

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