Teodora, una emperatriz con pasado

Con un pasado muy tumultuoso, la emperatriz Teodora supo mejorar la sociedad bizantina.

Teodora en un mosaico de San Vital (Rávena, Italia)

De familia pobre, Teodora (501-548) llegó al teatro en Constantinopla a los once años y pronto se hizo famosa como actriz pornográfica. Así, pasó a ser una figura imprescindible en las fiestas y saraos de hombres solos. Según se dijo en su época, todos los varones quedaban satisfechos, aunque su número pasase de treinta. Luego abrió un prostíbulo para, más tarde, convertirse en la amante del gobernador de Pentápolis, lugar al que se trasladó. La aventura salió mal y, abandonando al hijo que tuvo, volvió a Constantinopla, donde fue saltando de cama en cama. Allí conoció a un hombre santo: Severo, ex-patriarca de Antioquía. A él le confesó sus penas y humillaciones y también sus sueños rotos. Tras este encuentro, Teodora sufrió una transformación.

Cuando conoció a Justiniano, el emperador se enamoró de ella a pesar de su pasado y la desposó: él tenia 45 años y ella, 27. Justiniano realizó una colosal recopilación legislativa en el Código de Justiniano y las Compilaciones; y en el apartado dedicado a La familia y la propiedad privada se puede percibir la mano y el corazón de Teodora.

 

Emperatriz y legisladora

Estas nuevas normativas persiguieron el proxenetismo, igualaron los hijos naturales a los legítimos, moderaron los castigos por adulterio, permitieron el matrimonio entre razas, clases sociales o religiones distintas, la mujer pudo solicitar el divorcio, se prohibió la prostitución forzosa, se castigó la violación con pena de muerte y se reglamentó el funcionamiento de los burdeles. En el Código de Justiniano está el alma de Teodora. En fin, que como prostituta fue la mejor y como emperatriz, también.

Etiquetas: Bizancio, Cristianismo, Edad Media

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