Se forjan hombres de acción en el país nipón

La educación del aspirante a samurái se desarrollaba en dos grandes planos: de una parte la técnica militar y, de otra, el espíritu del bushido, de manera que ambas se complementasen.

Muy historia
Samurai

Se trataba de formar hombres de acción lo más perfectos posible, sin hacer de ellos eruditos ni fanáticos embrutecidos por la sangre. La religión era algo accesorio y estaba reservada a la casta sacerdotal. Las ciencias sólo servían para mejorar el dominio de las armas. La literatura y la poesía constituían un entretenimiento, una afición.

En cuanto al pensamiento y a la moral, giraban en torno a los tres conceptos fundamentales del bushido: la valentía (yu), la sabiduría (chi) y el altruismo compasivo (jin). En muchos aspectos, un samurái es un Don Quijote cuerdo para quien la conducta correcta es la única ley. Inazo Nitobe, uno de los más finos autores que han escrito modernamente sobre el bushido, compara al Quijote con un samurái antes de afirmar que ambos “desprecian el dinero, el arte de ganarlo y de acumularlo. Para ellos, el lucro es algo sucio”. Y luego recuerda la magnífica y sucinta expresión japonesa con que se describen las señales de una era decadente: “Los civiles amaban el dinero y los militares temían a la muerte.”

En cuanto a la técnica militar, los aspirantes a samurái tenían que dominar el arco, la lanza, la espada, la hípica y el jiu-jitsu, además de adquirir nociones de Historia, táctica militar, ética, literatura y caligrafía. Los maestros eran objeto de veneración. Una frase samurái afirma: “Mi padre me engendró; mi maestro me hizo hombre”. Y sin duda eran personas sabias y venerables: escogían a sus discípulos en función de su carácter, no de su inteligencia. El propósito que los animaba, como se dijo antes, era forjar hombres de acción, de modo que preferían el autocontrol en sus alumnos al arrebato furioso o al cálculo frío. En ese sentido su ideal se correspondía con el de la imperturbabilidad o ataraxia griega y era consecuente con la tradicional reserva japonesa a expresar sentimientos en público. Nitobe recuerda un lamentable dicho que se hizo popular en Japón después de la Segunda Guerra Mundial: “Los americanos besan a sus mujeres en público y las golpean en privado; los japoneses las golpeamos en público y las besamos en privado”.

Remite al artículo Otros caballeros andantes, de Alberto Porlan en la revista Muy Historia número 71.

Si quieres conseguir este ejemplar, solicítalo a suscripciones@gyj.es o descárgatelo a través de la aplicación de iPad en la App Store. También puedes comprarlo a través de Zinio o de Kiosko y Más.


Y si deseas recibir cada mes la revista Muy Historia en tu buzón, entra en nuestro espacio de Suscripciones.

Etiquetas: Japón

COMENTARIOS