Los cátaros en la hoguera

Tras el asedio al castillo de Montsegur, su último bastión, más de doscientos de ellos fueron quemados por herejes.

Los cátaros en la hoguera
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Los cátaros o albigenses fueron un movimiento religioso de carácter gnóstico que se extendió por Europa entre los siglos X y XIII y tuvo especial arraigo en la región del Languedoc, al sur de Francia, donde contó con la protección de algunos nobles, vasallos de la corona de Aragón. Con influencias maniqueas, el catarismo defendía una dualidad creadora (Dios y Satanás) y promovía el ascetismo y el rechazo del mundo material. Por ello, la Iglesia católica lo condenó como herejía e intentó erradicarlo por la fuerza, a partir de 1209, con la llamada Cruzada Albigense.

Para mediados del siglo XIII, los cátaros eran perseguidos y aniquilados por toda Francia, pero la empresa papal sufrió un revés cuando, en 1241, la plana mayor del catarismo –con el obispo Guilhabert de Castres a la cabeza– se refugió en el castillo de Montsegur. Construido en 1204, era un imponente "nido de águilas" que se alzaba sobre la montaña del Pog (1.207 metros de altura) dominando el valle del río Lasset. Luis IX de Francia encargó al conde de Tolosa que emprendiera un asedio del castillo... que fracasó estrepitosamente unos meses más tarde.

La razón fue que los cátaros eran queridos por los habitantes del Languedoc, que se encargaron de abastecer al castillo a través de túneles excavados en la roca viva del Pog. Pero la alegría albigense duró poco. Tras el desafío a la Inquisición por parte del caballero de Mirepoix –que se introdujo en la cercana población de Avignonet, mató a los inquisidores presentes y quemó las actas de su Tribunal–, en mayo de 1243 comenzó el segundo (y definitivo) asedio al castillo de Montsegur, encomendado esta vez a Hugues des Arcis, senescal de Carcasona.

A Des Arcis se le dieron medios ilimitados y una única consigna: Montsegur debía caer a cualquier precio. Tras diez meses de asedio y con los montañeses sometidos a una dura presión, los cátaros aceptaron las condiciones para su rendición: tenían quince días para abandonar la fortaleza y, una vez fuera, podían abjurar de su fe o morir en la hoguera. Y así, el 16 de marzo de 1244, los 210 supervivientes de Montsegur salieron por su propio pie y se metieron caminando en una enorme pira en lo que hoy se conoce como el Prat dels cremats (Prado de los quemados).

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