Lecciones de economía templaria

Los gastos militares en Oriente eran enormes y se financiaron desde Occidente mediante donaciones por parte de nobles de todos los reinos.

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“Pobres Caballeros de Cristo” era una de las formas principales de autodenominarse de los templarios. Sin embargo, su consolidación les llevó a acumular un enorme patrimonio que contradice tal voluntad de pobreza.

 

Esta prosperidad económica, muy controvertida, tiene sus raíces en las necesidades materiales de mantener una presencia militar suficiente en Tierra Santa. Los gastos militares en Oriente eran enormes y se financiaron desde Occidente mediante donaciones por parte de nobles de todos los reinos. Éstas solían consistir en tierras y explotaciones agrarias, de forma que los templarios se esforzaron por desarrollar en ellas una actividad económica que les proporcionase dinero con el que equipar y sostener a sus caballeros guerreros.

  

Un emporio empresarial. Lo hicieron con tanta inteligencia que convirtieron el Temple en un gran centro económico, prácticamente una multinacional. Por ejemplo, pusieron en marcha la concentración de parcelas, agrupando sus posesiones mediante operaciones de compra o permuta según la ocasión.

 

Al reunir sus tierras, la administración de las mismas resultaba mucho más eficaz. Así lo hicieron con sus muchas fincas en la Corona de Aragón, de donde proviene el protagonista de nuestra historia. Y no se limitaron a cultivar la tierra, sino que también transformaban los productos, construyendo, por ejemplo, molinos de grano.

 

Los templarios también extendieron su capacidad de producción a otras actividades, incluso del hoy llamado “sector secundario”, como la manufactura. Ejemplos notables fueron la producción de vidrio y el abatanado de tejidos. En el Castillo del Peregrino, fortaleza en la que sirve nuestro protagonista, al norte del actual Israel, los templarios explotaban una importante salina.

 

Más información sobre el tema en el artículo En la piel de un monje-soldado, escrito por José Ángel Martos. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a La epopeya de los templarios.

 

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Etiquetas: Anécdotas de la Historia, Edad Media, Historia

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