La peregrinación a Compostela en la Edad Media

La construcción de un camino más seguro a finales del siglo XI significó un acicate decisivo para los deseos del peregrino.

Muy Historia
Camibo

Alfonso VI lo hizo en el tramo de Castilla y León, mientras que más allá, en Navarra y Aragón, el rey Sancho Ramírez ponía a punto nuevas vías más fácilmente transitables. De esta forma, los viajeros europeos comenzaron a llegar tanto por la ruta franco-navarra –a través del paso de Roncesvalles– como por la franco-aragonesa, cruzando el paso de Somport, en Huesca.

Esos caminos se llenaron de personajes provenientes de lugares muy lejanos: sabemos que afluían desde Alemania en gran cantidad, pero también desde el norte de Europa o las Islas Británicas. La peregrinación se convirtió en un asunto universal, movido por un ramillete de motivaciones diversas.

Las dos razones más habituales para emprender el viaje a Santiago eran la propia devoción personal hacia el Santo –muy desarrollada por todas las razones antes explicadas– y, en segundo lugar, la peregrinatio pro voto, es decir, el compromiso o voto contraído ante el apóstol en un momento de grave dificultad personal (como una enfermedad o un accidente). Para obtener la gracia, el beneficiario se obligaba a emprender el viaje hasta su tumba como pago y reconocimiento. Estos votos siguen siendo hoy –tantos siglos después– un poderoso reclamo para emprender el viaje hasta Santiago.

Otro motivo bastante extendido era la peregrinatio ex poenitentia, esto es, el viaje como forma de redimir algún pecado grave. Esta pena se aplicaba contra eclesiásticos que habían faltado a sus votos y obligaciones, pero también contra civiles. La peregrinación era una pena impuesta habitualmente por los tribunales eclesiásticos para aquellos acusados de haber cometido adulterio. Incluso se les obligaba a vestir con signos distintivos de su falta (las mujeres, con sayas blancas). A su llegada a Santiago, eran recibidos por un comité de penas de adulterio en la Portada de las Platerías, que no servía sino para recordarles la falta cometida. Pero, pasada la vergüenza, finalmente podían obtener del arzobispo de Santiago un certificado que los redimiera de su pecado.

Esta práctica de la peregrinación penitencial se amplió a algunos delitos civiles, a partir del siglo XIII, en Alemania y Flandes. Por ejemplo, se aplicaba a reos de delitos de agresión con resultado de mutilación, y también a los que habían incurrido en acusaciones falsas. A partir de la reforma protestante, muy intensa en los lugares citados, esta tipología de peregrinación decaería, pero curiosamente no quedaría olvidada del todo. Tanto es así que, en 1982, una asociación belga emprendería un proyecto en colaboración con la administración de justicia del país por el que quedarían liberados de la cárcel aquellos jóvenes delincuentes que aceptasen realizar la peregrinación a Santiago –que se encuentra a casi 2.500 kilómetros de Bruselas– como pena por sus delitos. Se conoce como Proyecto Oikoten y a él se han acogido más de 350 jóvenes condenados desde entonces.

Remite al artículo La aventura del caminante, de José Ángel Martos en la revista Muy Historia número 72.

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Etiquetas: Edad Media

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