La armadura perfecta en la Edad Media

La falta de tecnología para proteger con placas metálicas a los caballeros hacía que las primeras armaduras no fuesen completas.

J. A. Guerrero / S. M.
Aspecto de una armadura medieval.

Las armaduras primitivas dejaban sin protección las articulaciones más vitales como el cuello, los hombros y las rodillas. En estas partes del cuerpo se utilizaban placas de cuero hervido que, tras dejarse secar un tiempo, eran un mediano sustituto del metal.

Los cascos y placas eran además de formas toscas, muchas veces tan rectas que apenas desviaban el golpe de las armas, cuyo impacto recaía generalmente sobre la cabeza o zona teóricamente protegida.

El metal utilizado era además muy pesado, pero poco a poco se encontraron técnicas para moldearlo, proporcionando a los cascos formas más eficientes que incluían viseras, cubrenucas y golas para la protección de ojos y cuello. Hacia 1400 ya podían verse caballeros con armaduras completas en Italia, Francia y Alemania y, más tarde, en el resto de Europa.

El metal se había ido aligerando y era más resistente. Las rodillas se protegían con rodilleras; los hombros, brazos y codos con hombreras, guardabrazos y brazales, codales y cangrejos –estos últimos, para la parte interior del hombro–; manoplas y guanteletes hacían lo propio con las muñecas, manos y dedos.

Los miembros inferiores quedaban a salvo mediante quijotes o musleras, rodilleras y grebas para las piernas y escarpines o zapatos herrados para el pie. También las monturas recibieron su correspondiente blindaje, desde la testera o frontal para la cabeza, las capizabas para las crines, hasta las bardas para la grupa, sin olvidar petrales o pecheras y flanqueras para los costados.

Etiquetas: Edad Media, Historia

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