¿Quiénes eran las tusonas?

En los siglos XVI y XVII se llamaba así en España a las prostitutas de alta alcurnia, las damas cortesanas que formaban la “aristocracia” de este oficio.

Veronica Franco

Aunque el Diccionario de la Real Academia sigue recogiendo la palabra “tusona” como sinónimo de prostituta, hoy día es un término en desuso. Pero en los siglos de Oro –XVI y XVII– y hasta bastante después se llamó de esta forma a las prostitutas de alta alcurnia: las cortesanas que, al modo de las hetairas clásicas, no sólo ofrecían a los nobles y adinerados sus favores sexuales sino también cultura y entretenimiento. Por ejemplo, una de las más famosas, la veneciana Veronica Franco (cuyo retrato, obra de Tintoretto, ilustra este artículo), fue además de tusona una notable poetisa.

Esta denominación definía su clase y servía para señalar que su lugar estaba entre la nobleza, diferenciándolas de las rameras de clase social más baja. Así, en su Tesoro de villanos (Herder, 2009), María Inés Chamorro explica que “las tusonas o damas del tusón eran rameras cortesanas que constituían la aristocracia del oficio, pues eran las de más alto rango, por oposición a las ninfas o cantoneras”. Vivían generalmente en poblaciones importantes que tuvieran universidad o puerto, donde su parroquia era más numerosa.

En cuanto al origen del nombre, hay varias teorías. Tusón es sinónimo de toisón, ambos derivados del verbo tundir: cortar el pelo, trasquilar. De este modo, según el Diccionario de Autoridades (1726-1739), se las llamó así “porque les cortan el pelo por castigo, o ellas lo pierden por el vicio deshonesto”. En cambio, según la obra antes citada, es una metáfora formal derivada de las dos acepciones de tusón: “vellón”, que también era una moneda de plata, y “potro”, ya que a las prostitutas se las llamaba asimismo “yeguas” y “trotonas”. Y hay más: José Deleito y Piñuela defiende en La mala vida en la España de Felipe IV (1948) que “se las denominaba de tal modo para determinar su preeminencia, así como entre las Órdenes Militares ocupaban el primer puesto los caballeros del tusón o del toisón."

Sea como fuere, las tusonas tuvieron una presencia destacada en la literatura de la época. Así describe Quevedo un paseo de estas damas: “Tres carrozas de tusonas / perdiendo van los estribos, / con pecosas y bermejas, / nariz chata y ojos bizcos”. Y en otros versos dice: “Tusona con ropa de oro / traiga cédula que diga: / En este cuerpo sin alma / cuarto con ropa se alquila”. Y no sólo en la de la época: el término todavía puede encontrarse en obras de los hermanos Machado, Alejo Carpentier y, más recientemente, Arturo Pérez-Reverte.

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