¿Quién fue la primera piloto de combate?

La princesa rusa Eugenie Mijailovna Shajovskaya, de azarosa y corta vida, fue la primera mujer que pilotó aviones militares.

Eugenie

Se sabe poco a ciencia cierta sobre esta pionera, tal vez por haber muerto muy joven, con poco más de 30 años, o porque en su peripecia vital se mezclan la Historia y la leyenda. Así, ni siquiera sabemos si nació princesa o si adquirió el título a través del matrimonio, pero sí que vino al mundo en San Petersburgo en 1889 y se educó en un colegio privilegiado: el Instituto Smolny. A los 21 años fue testigo de la exhibición aérea que hizo en su ciudad natal la primera mujer que obtuvo una licencia de piloto, Élise Léontine Deroche. La francesa causó una honda impresión a la joven Shajovskaya, que decidió viajar a Berlín para aprender a volar.

Lo consiguió en la escuela de vuelo de Johannistal, fundada por los inventores del avión, los hermanos Wright. Eugenie obtuvo su licencia el 16 de agosto de 1911. A finales de ese mismo año se ofreció al ejército italiano para efectuar misiones de reconocimiento aéreo en su guerra contra los turcos, pero las fuerzas del rey Víctor Manuel III declinaron la oferta. De regreso a Rusia, tras convalidar su licencia para poder volar en su país, empezó a trabajar como piloto en la empresa Wright y efectuó una serie de demostraciones aéreas para el estamento militar, en las que puso de manifiesto su valor: en una de ellas, su aeronave se incendió en pleno vuelo y Eugenie fue capaz de controlar la situación y aterrizar.

Shajovskaya volvió a Alemania y allí vivió un trágico romance con el gran piloto ruso Vsévolod Mijailovich Abramovich. Su relación terminó cuando los dos tuvieron un terrible accidente aéreo en el que el piloto perdió la vida y ella sufrió graves heridas, pero logró salvarse. La princesa, conmocionada, regresó a Moscú y decidió abandonar para siempre el vuelo. No obstante, al estallar la I Guerra Mundial en agosto de 1914, escribió al zar Nicolás II para que le permitiera volar en primera línea de combate y éste decidió autorizarlo: Shajovskaya se incorporó al frente del noroeste, cerca de Lituania.

De sus actividades como piloto de guerra no se conserva ninguna referencia. Todo lo que se ha escrito de su estancia en el fuerte Kovno está teñido de leyenda y relacionado con su vida amorosa y su desgraciado final. Así, los rumores la sitúan en brazos de casi todos los oficiales de alta graduación, de sus compañeros de vuelo y de parte de la tropa, como una especie de cortesana de irrefrenable apetito sexual. Eso sí, se sabe que fue acusada de intentar pasarse al enemigo y juzgada por alta traición en un tribunal militar, que la condenó a morir fusilada.

A partir de ese momento, hay distintas versiones. Parece ser que la princesa volvió a escribir al zar y consiguió que conmutara la pena de muerte por otra de reclusión perpetua. Y que, poco después, la Revolución soviética la liberó y ella se transformó en una ferviente revolucionaria, hasta el punto de trabajar como verdugo. En cuanto a su muerte, acaecida en Kiev en 1920, unos dicen que, adicta a la morfina, en un momento en que estaba bajo el efecto de las drogas mató a su asistente y después se suicidó; otros, que la ejecutaron sus propios compañeros.

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