¿Quién fue el fundador de la primera base antártica?

El estadounidense Richard Byrd, marino de formación y excelente piloto, fundó la primera base en la Antártida y sobrevoló ambos polos.

Richard Byrd

Richard Evelyn Byrd nació en Winchester, Virginia, en 1888. Desde niño se caracterizó por su audacia y su gusto por la acción, rasgos que lo convirtieron en un excelente capitán de corbeta y que evitaron su depresión cuando un accidente deportivo lo obligó a abandonar el servicio activo en la Marina y dirigir su mirada a los cielos.

En 1918 obtuvo el título de piloto y, tres años después, participó en uno de los primeros vuelos trasatlánticos. Pronto se interesó, como tantos otros pilotos de la época, por los polos geográficos, lo que le llevó a sumarse a la expedición que el noruego Roald Amundsen organizó en dirección al Polo Norte. Acompañado por sus colegas Floyd Bennett y Bernt Balchen, dirigió su Fokker F-VIIB-3M Josephine Ford al punto señalado, alcanzándolo y fotografiándolo el 9 de mayo de 1926.

Fue una gran proeza aérea, pero Byrd comprendió que podía ser superada por el primero que sobrevolara el Polo Sur, una tierra inhóspita y mucho más extensa que el ártico, con vientos feroces y sin bases cercanas en las que aterrizar en caso de emergencia. Decidido a que nadie se le adelantara, nada más regresar a Estados Unidos comenzó a preparar la expedición austral.

En 1928, treinta y ocho hombres comandados por Byrd, entre científicos y pilotos, llegaron a la Antártida para levantar la estación Little America, la primera de ese tipo en el continente blanco. Desde allí, Byrd ultimó los detalles de su vuelo antártico. Como avión escogió un trimotor Ford 4-AT-B enteramente metálico, equipado con esquíes y cuyo motor podía soportar temperaturas de hasta -45ºC. Lo llamó Floyd Bennett.

El 28 de noviembre de 1929, el avión, sobrecargado por el instrumental científico que portaba, despegó a duras penas de la base. En su interior, cuatro hombres abrigados con pieles para soportar la temperatura gélida de la cabina y un sueño común: alcanzar los 90º latitud Sur. Tras atravesar los acantilados de hielo de la Gran Barrera, estuvieron a punto de estrellarse en la cordillera de la Reina Maud, región apenas cartografiada que era una entrada a lo desconocido.

El enorme esfuerzo culminó con éxito el 29 de noviembre, cuando el monoplano se situó en la vertical del Polo Sur. A su regreso a Little America, lo recibieron gritos de júbilo y felicitaciones desde Estados Unidos. Byrd había levantado una base permanente y fotografiado zonas inéditas e imprescindibles para la navegación, además de sobrevolar 2.500 kilómetros de hielo en 18 horas y 30 minutos.

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