¿De dónde viene "a rey muerto, rey puesto"?

Se cuenta que Felipe V dijo esta frase cuando sus hombres quisieron ponerlo a salvo de la artillería enemiga.

A rey muerto, rey puesto

Mucha gente, sobre todo con grandes responsabilidades laborales o de cualquier otro tipo, cree que su figura es vital para la supervivencia de la empresa en la que está inmerso.

A estas personas bien se les puede aplicar el dicho a rey muerto, rey puesto, que viene a decirnos que nadie es irremplazable o imprescindible en un trabajo o una posición.

En su origen expresaba la continuidad dinástica de los reyes, que a su muerte eran sucedidos por otros preparados para tal cometido. Algunos expertos atribuyen la frase al rey Felipe V el Animoso (1683-1746), quien en 1705 lideró a sus tropas en el asalto del castillo de Montjuic, en Barcelona, que era defendido por el archiduque Carlos de Austria. Por temor a que el monarca pudiera sufrir algún percance por el intenso fuego enemigo, uno de sus hombres le rogó que se pusiera a cubierto: “Majestad, soldados hay miles, y rey no hay más que uno”. A esto replicó el primer Borbón español: “Si el rey muere, otro habrá, que a rey muerto, rey puesto”.

Es frase afín a estas otras que dicen "El rey ha muerto, ¡viva el rey!" y "El rey ha muerto, ¡larga vida al rey!". La primera es la fórmula del derecho hereditario de la corona francesa que se utilizó para la proclamación de los reyes desde 1422, cuando Carlos VI de Francia fue sucedido por Carlos VII. En francés, el dicho suena del siguiente modo: Le roi est mort, vive le roi!, y se usó por última vez con la coronación de Carlos X, hermano de Luis XVI y Luis XVIII, en 1824. El segundo grito era propio de la corona británica: The King is dead, long live the King! Y ya se oyó en 1272, cuando Eduardo I de Inglaterra ascendió al trono tras la muerte de Enrique III.

Una tercera expresión similar que implica tanto a nobles como a plebeyos es "el muerto, al hoyo, y el vivo, al bollo" (o sus versiones al vivo, la hogaza, al muerto, la mortaja o el muerto, a la huesa, y el vivo, a la mesa). Viene a decir que la muerte ha de entenderse como inevitable, algo natural, y que, por tanto, no ha de afectar al desarrollo normal de la vida, que queda representada aquí por el alimento principal, el pan –o bollo–.

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