¿Cuándo nació la máquina tragaperras?

Aunque ya existía algún antecedente, la primera tragaperras como tal fue inventada por un mecánico de coches estadounidense en 1895.

Tragaperras

Las primeras máquinas de juego, antecedentes de la tragaperras, surgieron en 1891 en los bares de Brooklyn, Nueva York. Pagando 5 centavos, el jugador tenía derecho a accionar una palanca que movía cinco tambores y estos hacían aparecer diez cartas de póquer: en función de la jugada obtenida, podía haber o no haber premio, que dependía de lo que quisiera ofrecer cada establecimiento (una cerveza gratis, cigarros, etc.). Estas máquinas primitivas no contaban con mecanismos para la inserción de monedas ni para el pago automático de premios.

Por eso, la primera máquina que podemos llamar tragaperras –en inglés, slot machine, de slot, ranura– fue la que inventó y patentó en 1895 Charles Fey, un mecánico de coches de San Francisco. El procedimiento de arranque era similar, pero constaba de tres y no de cinco tambores, y antes de accionar la palanca había que insertar la moneda. Al finalizar la rotación, las pestañas que estaban bajo los tambores se introducían en unas ranuras y, si coincidían las tres pestañas, se activaba el control de pago, que otorgaba un premio máximo de 50 centavos.

La combinación ganadora era la alineación de tres motivos iguales de entre cinco posibles: diamantes, picas, corazones, herraduras y una reproducción de la Liberty Bell, campana que es uno de los principales símbolos de la Independencia de EE UU. De ahí que la tragaperras de Fey fuera bautizada como Liberty Bell Machine. El éxito de la máquina fue enorme y pronto tuvo que hacer frente a imitadores y competidores, entre los que destacó Herbert Mills con su Operator Bell. Este fabricante de Chicago introdujo en el juego nuevos símbolos: las frutas.

La llegada de las tragaperras a los casinos se produjo en los años 40 del siglo XX. El pionero fue el gánster Bugsy Siegel, que las instaló en su Flamingo Hotel de Las Vegas para que las mujeres y acompañantes de los clientes se entretuvieran; en poco tiempo, las ganancias derivadas de estas máquinas igualaron y después superaron a las de las mesas de juego. Desde entonces, estas máquinas no han dejado de evolucionar y hoy en día están totalmente computerizadas.

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