¿Alejandro Magno fue un tirano o un santo?

La historia, ya se sabe, depende de quien la cuente. Y los héroes oficiales son lo que son por encima de miradas colaterales.

Miguel Mañueco
¿Alejandro Magno fue un tirano o un santo?

La historia, ya se sabe, depende de quien la cuente. Y los héroes oficiales son lo que son por encima de miradas colaterales.

 

Es el caso del prestigio de Alejandro Magno en Occidente, donde ocupa los altares de las crónicas militares, obviando sus maldades y crueldades, cosa que no hicieron sus principales enemigos, los persas, para quienes el macedonio fue un auténtico azote.

 

De tal guisa que ellos lo conocían como Sikándar el Maldito, denominación que perduró tras la conquista de Persia, a pesar del esfuerzo de Alejandro por asimilar la idiosincrasia del pueblo sometido.

 

Se orientalizó de tal manera que enojó a todos sus compañeros helenos, que veían espantados cómo se embebía en el trato de ser divino que recibía como nuevo soberano persa. Y aún más les irritó cuando se casó con la princesa Roxana de Sogdiana (la región de Samarcanda) y estableció la capital de su reino en Babilonia.

 

 

COMENTARIOS