¿Quién fue la primera española corresponsal de guerra?

Se trata de la gallega Sofía Casanova, que cubrió in situ para ABC y otras publicaciones las dos Guerras Mundiales y la Revolución soviética.

Sofía Casanova

Aunque Carmen de Burgos, alias Colombine, fue pionera en el reporterismo femenino de guerra al cubrir desde Melilla, para el Heraldo de Madrid, algunos episodios del conflicto de Marruecos en 1909, la primera española que se dedicó a este cometido de forma continuada y desde el frente fue Sofía Casanova (A Coruña, 1861-Poznan, Polonia, 1958). Y ello en razón de su fascinante trayectoria vital, absolutamente atípica en su época.

Nacida en una familia “bien” coruñesa, Casanova despuntó desde muy joven por su cultura y su afición a las letras: con 15 años empezó a publicar poesía. Autora asimismo de novelas, cuentos y obras teatrales, su vida dio un giro inesperado y decisivo al casarse con Wincenty Lutoslawsky, aristócrata, filósofo y diplomático polaco. En 1887, al poco de celebrarse la boda, Sofía partió a vivir con su marido a su Polonia natal. El matrimonio tendría cuatro hijas, pero ningún varón, motivo del progresivo repudio del filósofo hacia su esposa, que acabaría en divorcio.

No obstante, Casanova hizo de su patria adoptiva la definitiva, aunque durante mucho tiempo viajó cada año a su añorada Galicia – en 1906 fue elegida miembro de la recién creada Real Academia Gallega– y a Madrid, entre otros muchos destinos; la profesión diplomática de Lutoslawsky la convirtió en una cosmopolita y viajera impenitente que recorrió medio mundo y llegó a dominar, además del castellano y el gallego, seis idiomas: polaco, ruso, francés, inglés, italiano y portugués. Unos conocimientos que le serían muy útiles para su posterior labor como traductora literaria.

El estallido de la I Guerra Mundial la sorprende en Polonia y decide, con 53 años, enrolarse en Cruz Roja como enfermera de batallones. Tras describir el horror vivido asistiendo a moribundos en un artículo publicado en ABC, el director de la cabecera, Torcuato Luca de Tena, le propone ocupar el cargo de corresponsal en Europa oriental, y ella acepta. Será el principio de una larguísima y fructífera dedicación periodística: en total, más de 1.200 piezas entre crónicas de guerra y artículos en prensa internacional (Gazeta Polska, New York Times) y nacional (El Liberal, La Época, El Imparcial y, sobre todo, ABC).

Porque la corresponsalía de Casanova no iba a acabar con la I Guerra Mundial, sino que, de la mano de sus peripecias vitales y de su longevidad, llegaría mucho más lejos. Así, huyendo de las tropas alemanas con su familia, se instaló en Moscú y luego San Petersburgo, donde fue testigo de la muerte de Rasputín, entrevistó a Trotski y narró la Revolución bolchevique en primicia para ABC. Precisamente durante la insurrección popular del 3 de julio, la gallega recibió un golpe accidental en los ojos en medio de un tiroteo callejero, de resultas del cual fue perdiendo la vista hasta quedar, en sus últimos años, totalmente ciega.

Eso no iba a impedirle continuar escribiendo, con ayuda de sus hijas y nietos, hasta casi el final de su vida. Monárquica, católica y conservadora, pero pacifista a ultranza tras ser testigo en primera línea de tanta muerte y destrucción, la II Guerra Mundial fue el detonante de su ruptura con ABC. En 1939, a los 78 años, envió al periódico su crónica de la invasión alemana de Polonia, en la que se posicionaba contra Hitler, para recibir por toda respuesta la negativa de publicar “nada que vaya en contra de los alemanes”. Pese a la decepción, optó por seguir colaborando en otras cabeceras. Ciega pero lúcida, Sofía Casanova aún viviría casi dos décadas más, hasta los 96 años.

Etiquetas: Guerras, Primera Guerra Mundial, Revolución, Segunda Guerra Mundial, URSS

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