¿A qué mujer se llamó “la dama de la lámpara”?

Su trabajo supuso un punto de inflexión en la profesionalización de la enfermería moderna.

María Fernández Rei
Florence Nightingale
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Se trata de la británica Florence Nightingale (Florencia, 1820-Londres, 1910), pionera de las actuales enfermeras profesionales.

 

Criada en la alta burguesía londinense con una educación poco usual para su época, ya que estudiaba materias reservadas para los niños como álgebra o matemáticas, además recibió una completa formación en Humanidades. Nightingale era una chica impetuosa y brillante que se rebeló contra su familia, al no querer ocupar la posición de esposa ejemplar que su status le exigía. Así, en 1937, comenzó a trabajar como asistente sanitaria.

 

Florence fue duramente criticada por realizar una tarea que socialmente estaba mal considerada, ya que aquellas mujeres trabajaban en unas condiciones ínfimas, y en muchas ocasiones, su figura se extendían a realizar labores de cocineras, e incluso, de prostitutas.

 

Ella no inventó la enfermería como profesión, pero su trabajo supuso un punto de inflexión en la profesionalización de la enfermería moderna y colocó los primeros pilares de la consideración de los cuidados sanitarios como una disciplina. Con su lucha, por la mejora de las condiciones de atención a los pacientes, consiguió reformar los cuidados médicos militares británicos.

 

En 1953, Florence asumió el cargo de Superintendente en el Instituto para el cuidado de señoras enfermas en Londres. Pero, su aportación más importante fue durante la guerra de Crimea (1854-1856), contienda a la que logró desplazar unas cuarenta enfermeras, cuyo trabajo fue clave para reducir el número de fallecidos en los hospitales de campaña.

 

Nightingale fue recibida a su vuelta a Inglaterra como una auténtica heroína, la BBC la comparó en popularidad con la propia soberana inglesa, la reina Victoria. Y en 1860 funda la primera Escuela de Enfermería Laica de Londres. Su sobrenombre procede de una crónica del Times en la que se narraba cómo, cuando todos ya dormían en el hospital de campaña de Crimea, la dama seguía haciendo interminables rondas entre los enfermos, iluminándoles con una pequeña lámpara.

 

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