Von Braun cambia de bando

El controvertido ingeniero aeroespacial dedicó su vida al desarrollo de los cohetes para la conquista del espacio.

J. A. Martos / S.M.
Imagen del físico en su despacho americano, en 1964.

“Mi nombre es Magnus von Braun. Mi hermano inventó la V-2. Queremos rendirnos”. Esta fue la frase que le espetó el joven Magnus a un soldado de la 44ª División de Infantería americana al que se acercó en bicicleta el 2 de mayo de 1945 en una localidad de los Alpes bávaros.

Los estadounidenses tenían a su hermano mayor Wernher en la lista negra de los científicos alemanes a los que querían interrogar y pronto le trasladaron a un lugar en la zona americana para evitar que pudiese caer en manos soviéticas, algo que el propio von Braun temía.

El gobierno americano se movió con rapidez: apenas un mes después, el secretario de Estado Cordell Hull aprobaba que se le llevase a él y a siete miembros de su equipo a Estados Unidos dentro de la Operación Paperclip, destinada a sacar de Alemania a científicos valiosos para los intereses americanos.

Antes de que acabara el año, todos estaban ya en la base de Fort Bliss, en Texas, continuando su trabajo con los cohetes y formando a personal técnico americano.

Así se inició la carrera americana de Wernher von Braun, quien sería muy bien tratado –en 1955 obtuvo la ciudadanía americana– y alcanzaría cargos de inusitada importancia, teniendo en cuenta que había sido un temible enemigo como artífice de las bombas que habían matado a miles de ciudadanos aliados.

Tras dirigir la creación de los primeros misiles balísticos para su país de adopción, se convirtió en el decisivo impulsor del programa espacial estadounidense en su calidad de director del Centro de Vuelos Espaciales Marshall de la NASA, donde supervisó la construcción de los cohetes Saturno, que llevarían a las naves del Programa Apolo al espacio y a la Luna.

Hoy se le considera con justicia como el padre del programa espacial americano y casi un héroe.

Murió en Virginia con 65 años habiendo obtenido multitud de honores y medallas.

Con su “fichaje”, los americanos demostraron que una política pragmática y magnánima era la mejor manera de ganar no sólo la guerra, sino también la posguerra.

Etiquetas: Historia, II Guerra mundial

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