Tras los muros de la Ciudad Prohibida

El último inquilino de la Ciudad Prohibida fue el emperador Puyi, quien se vio obligado a abandonarla en 1924.

La Ciudad Prohibida

La Ciudad Prohibida fue palacio imperial durante casi 500 años, alojándose en ella las dos dinastías que gobernaron China durante todo este tiempo: la dinastía Ming y la Qing.

El último emperador que vivió en el palacio fue Puyi, al que obligaron a marcharse de la Ciudad Prohibida en 1924, aunque ya había abdicado en 1912. Y en los últimos siglos de vida imperial del complejo palaciego se modificaron costumbres y se recibieron muchas novedades llegadas de Occidente.

En el siglo XVII, llegó a los oídos del emperador chino la música barroca que se estaba escuchando en Europa en ese momento y pidió a aquellos occidentales que vivían en su Imperio –y que supieran tocar un instrumento– que representaran una canción para él. El resultado fue que quedó encantado con el concierto y decidió enviar a muchos de sus súbditos a Europa para aprender este estilo musical.

De España y Portugal llegaron algunos relojes mecánicos del gusto de las cortes de la época, donde ya era todo un hobby de los reyes montar e incluso diseñar algunos de ellos. En China esto no fue una excepción, pues se comenzó a trabajar en una interesante colección que hoy en día se encuentra en el interior de la Ciudad Prohibida.

El emperador era el Hijo del Cielo, inaccesible para la sociedad al estar por encima de ellos; así, no existía relación entre el pueblo y el gobierno en el interior de la Ciudad Prohibida. Todo cambió cuando Puyi mandó instalar en palacio un teléfono, con el fin último de comunicarse con el exterior y relacionarse por primera vez con su pueblo.

Etiquetas: China, Monarquía, Monumentos

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