Tesoros destruidos por las guerras

De ello hay ejemplos remotos, como la destrucción del Templo de Jerusalén ordenada por Tito en el año 70 de nuestra era

Muy Historia
Puente otomano de Moster

Históricamente, la guerra se ha ensañado con el pasado: monumentos, obras de arte, yacimientos y otros vestigios de la Antigüedad siempre han sufrido sus consecuencias de modo dramático. Y callado, hasta hace bien poco: es obvio que ninguna destrucción patrimonial es tan grave como la pérdida de vidas humanas, y por eso se ha considerado un daño inevitable y menor de los conflictos bélicos.

 

Así, la probabilidad cierta de arrasar la Biblioteca de Alejandría no detuvo a Julio César a la hora de incendiar el puerto de esta ciudad e el año 48 a.C., como tampoco la de cargarse los ancestrales pavimentos de las ruinas de Babilonia impidió a George W. Bush hacer acampar allí a sus tropas y tanques más de dos mil años después. Otras veces, la intolerancia religiosa, el revanchismo o la simple demostración de fuerza han estado detrás de los estropicios y estragos de todo género.

 

De ello hay ejemplos remotos, como la destrucción del Templo de Jerusalén ordenada por Tito en el año 70 de nuestra era, la quema de la Biblioteca de Constantinopla por los turcos en 1453 o la de escritura e iconografía religiosa precolombina debida a la Inquisición española en el siglo XVI; y también recientes, como los daños provocados en el Museo de Kabul por la iconoclasia talibán o los causados en la Biblioteca de Sarajevo por la guerra de los Balcanes.

 

Más información en el artículo Bombas contra la Historia, escrito por Nacho Otero. Puedes leerlo en el último número de Muy Historia, dedicado a Grandes hallazgos arqueológicos.

 

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Etiquetas: Arqueología, Curiosidades, Guerras, Historia

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