Stalingrado: la batalla decisiva entre la URSS y Alemania

Las noticias que llegaban a Alemania de lo que estaba sucediendo en Stalingrado eran cada vez más pesimistas.

Muy Historia
Stalingrado

Aunque en la prensa y en los noticiarios no se hablaba de las terribles condiciones que estaban padeciendo las tropas, las cartas que recibían sus familias eran suficientemente explícitas al respecto. El boca a boca extendió por toda Alemania los detalles del drama que allí se estaba viviendo, aunque todavía se confiaba en un milagro de última hora.
Ante el sinsentido absoluto que suponía seguir resistiendo en semejantes condiciones, el 9 de enero de 1943 los soviéticos ofrecieron a Paulus aceptar su rendición, una oferta que fue rechazada. A pesar de las temperaturas gélidas y la falta de comida y de munición, el VI Ejército seguiría combatiendo.


El Ejército Rojo lanzó entonces una gran ofensiva. El 21 de enero, los alemanes perdieron la única pista de aterrizaje que les quedaba operativa; el VI Ejército había sido también aislado por aire. Ya ni siquiera era posible recibir las cartas que llegaban a manos de los soldados y que contenían el aliento de sus familias, lo único que les daba fuerzas para seguir luchando.

El 25 de enero, las fuerzas germanas fueron partidas en dos. No quedaba otro remedio que aceptar la rendición, pero Hitler deseaba un último y cruel sacrificio para componer una escena propia de las óperas wagnerianas que lo inspiraban: se ordenó a las tropas combatir hasta el último hombre y la última bala. Para asegurarse de que Friedrich Paulus lucharía hasta el final, el 30 de enero lo nombró mariscal de campo, ya que nunca en la Historia un mariscal germano se había rendido; por lo tanto, ese ascenso era en realidad más una condena a muerte que una recompensa por sus servicios. Pero Paulus, con lucidez, prefirió ser un cobarde vivo que un valiente muerto y al día siguiente se rindió a los rusos.

Las armas no callarían hasta el 3 de febrero de 1943, cuando se rindieron los soldados alemanes que combatían heroicamente en la fábrica de tractores del norte de la ciudad. Ese día, un comunicado oficial del cuartel general de Hitler anunció “el fin de la batalla de Stalingrado”. De los 90.000 hombres capturados por los rusos y enviados a campos de trabajo, tan sólo 5.000 regresarían a sus hogares y eso sería mucho tiempo después, ya en la década de los cincuenta.
La noticia de la pérdida del VI Ejército supuso un auténtico shock para la población alemana. La tragedia de Stalingrado sería, sin duda alguna, la emoción mayor que experimentarían los alemanes durante la guerra. Ninguna victoria ni derrota alcanzaría tan profundamente el ánimo de los alemanes, que entendieron que el destino les había dado la espalda. Aunque pocos se atrevían a expresarlo en voz alta, intuían que se iniciaba un reflujo cuyas aguas ensangrentadas acabarían anegando las calles de Berlín.

Más información sobre el tema en el artículo Stalingrado: la Wehrmacht en la ratonera, escrito por Jesús Hernández. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a Hitler contra Stalin.

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Etiquetas: Alemania, Guerras, Segunda Guerra Mundial, URSS

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