Simón Bolívar, ejemplo de libertador

Simón Bolívar participó en el proceso independentista de numerosos países sudamericanos, convirtiéndose en una pesadilla para España

LO/AA
Simón Bolívar

Muchos historiadores consideran que la independencia de buena parte de las actuales naciones sudamericanas no habría sido posible sin la participación de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar. La familia de Simón, que nació el 24 de julio de 1783, pertenecía a la aristocracia caraqueña, en Venezuela, y era oriunda de la localidad de La Puebla de Bolívar, en Vizcaya. Tras pasar la infancia rodeada de lujos, ingresó en el ejército a los 14 años, donde alcanzó el grado de subteniente. En España, a donde fue enviado en 1799 para completar su formación, conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, hija del Marqués de Toro, con la que se casaría en mayo de 1802. Su fallecimiento tan sólo un año después en Venezuela a causa de la fiebre amarilla sumió a Bolívar en una profunda depresión de la que no se recuperó hasta diciembre de 1803, cuando regresó a España. Durante tres años recorrió Francia e Italia y entró en contacto con las ideas de la Ilustración. A mediados de 1807, testigo del ocaso del Imperio español, regresó convencido de la necesidad de la emancipación de América.

Así, en 1810 se unió a la revolución independentista que estalló en Venezuela, un intento abortado por las autoridades españolas que obligó a Bolívar a huir del país. Dos años después, sin embargo, publicó el Manifiesto de Cartagena y la Memoria de los ciudadanos de Nueva Granada, en los que declaraba su intención de reactivar la rebelión. Unos meses más tarde, de hecho, lanzó otra ofensiva, pero de nuevo terminó en fracaso. Desmoralizado por las disensiones de los independentistas, Bolívar se estableció en las Antillas. Desde allí escribió su Carta de Jamaica, proponiendo la creación de una confederación de países americanos.

La batalla de San Félix, el 11 de abril de 1817, abrió a los insurgentes los recursos de la Guayana y el río Orinoco, y permitió el regreso de Bolívar, que en 1819 fue elegido presidente de Venezuela y, tras la campaña de los Andes, dio origen a la República de Colombia. Sus triunfos en Boyacá (1819) y Carabobo (1821) asegurarían la independencia de Venezuela. En 1822, se reunió en Guayaquil con el general argentino San Martín, con el que extendió la rebelión hacia el sur.

Un poco déspota

Dos años después, tras las batallas de Junín y Ayacucho, que pusieron fin a la dominación española, la guerra terminó. Su forma de gobernar, sin embargo, no se ajustaría al título de “Libertador” que le había otorgado el Cabildo de Mérida, en Venezuela, y que ha quedado asociado a su biografía: ejerció el poder de forma arbitraria y defendió la existencia de cargos presidenciales vitalicios. A partir de 1827, se multiplicaron las rivalidades en Sudamérica, lo que dio al traste con la unión soñada por Bolívar. Tras sobrevivir a un atentado gracias a la intervención de su amante, Manuela Sáez, y enfermo de tuberculosis, murió en Santa Marta (Colombia) el 17 de diciembre de 1830.

Etiquetas: América, Independencia

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