Simenon, el depredador sexual

Georges Simenon fue quizás el escritor más prolífico de la Historia, pero también el depredador sexual más activo

LO/AA
Georges Simenon

"La mujer es lo que más me ha fascinado en la vida. Tenía hambre de todas las mujeres con quienes me cruzaba y cuya grupa ondulante bastaba para enardecerme hasta el dolor físico. ¿Cuántas veces aplaqué esta hambre con jovencitas mayores que yo, en el umbral de una casa o en algún callejón tenebroso? O bien entraba furtivamente en algunas de aquellas casas en cuyas ventanas una mujer más o menos gorda y deseable tejía plácidamente”. Así explica Simenon en sus Memorias íntimas la compulsión sexual que le acompañó toda su vida. En un diálogo con su amigo el cineasta Fellini recogido por la revista L’Express, el novelista belga le aseguraba que “fui más Casanova que usted. Una vez hice la cuenta. Desde los doce años, tuve diez mil mujeres. Y eso no fue vicio. No soy un vicioso sexual; tenía la necesidad de comunicarme”.

Curioso el punto de vista de quien también fue probablemente el escritor más prolífico de la Historia, con más de 300 novelas publicadas en 87 lenguas y 550 millones de ejemplares vendidos. Georges Simenon nació en Lieja en una familia de clase media. Tuvo un hermano pequeño que murió de niño, y una madre que no le quiso y siempre le reprochó que no hubiera muerto él en lugar de su hermano. Estudió en los jesuitas, pero a los 16 años tuvo que colgar los libros y ponerse a trabajar como redactor en La Gazette de Liége, donde aprendió el oficio. Ganó su primer dinero con una novela corta de las que se vendían en los quioscos y que escribió en una mañana de 1924. Su trabajo de reportero le sirvió para conocer los tugurios, casas de citas y tabernas que inspiraron sus relatos plagados de personas y situaciones corrientes bajo las que late el crimen. También le ayudaron pronto a ganar mucho dinero, del que cada mes enviaba una suma a su madre. Un día, ella se lo devolvió todo, intacto.

No es raro que Simenon tuviera relaciones difíciles con las mujeres, desde que se inició a los 12 años con una muchacha de 15. Prostitutas, amigas, desconocidas, colegas… fueron algunas de sus muchas “novias de cinco minutos”. A los 20 años se casó con la pintora belga Régine Renchon, apodada Tigy, con quien tuvo su primer hijo y compartió en París una buhardilla, los ambientes bohemios y las visitas a los cabarés de moda, donde Georges se proveía de amantes, entre ellas la cantante Josephine Baker. En los años de la II Guerra Mundial, el escritor y su mujer se instalaron en el campo cerca de La Rochelle, en compañía de su hijo Marc y la cocinera Boule, con la que Simenon dormía regularmente la siesta.

Genio y figura

Acusaciones de colaboracionismo llevaron al escritor a trasladarse a EE UU en 1945, donde pasó diez años marcados por una nueva pasión: su secretaria canadiense Denise Quinet, 17 años más joven, con la que se casó tras divorciarse de Tigy. Compartieron dos hijos y una relación turbulenta de intenso sexo, celos y peleas alcohólicas. En 1955, Simenon volvió a Europa. Después de unos años codeándose con la jet-set en la Costa Azul, se divorció de Denise y se instaló en un castillo en Lausana (Suiza), donde vivió hasta su muerte en 1989. Ni su edad ni la angustia por el suicidio de su hija Marie-Jo a los 25 años en 1978 mermaron su líbido, que en sus últimos años aplacó con Teresa Sburelin, una italiana joven y afectuosa que atendía los asuntos domésticos de la mansión.

Etiquetas: Sexualidad, escritores

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