Sidney Reilly, modelo de James Bond

Las andanzas del espía Reilly sirvieron de inspiración a Ian Fleming para su personaje del superagente James Bond

Sidney Reilly, espía británico.

El misterio que acompaña a Sidney Reilly incluso hoy, 82 años después de su muerte, se remonta a sus orígenes. Si bien la mayor parte de los documentos se refieren a él como Sigmund G. Rosenblum, nacido el 24 de marzo de 1874 en Odesa, Andrew Cook, experto del Foreign Office, señala en Reilly, Ace of spies, que su nombre debió ser Shlomo Rosenblum, oriundo del distrito ucraniano de Kherson, hijo de una pianista y un acaudalado contratista judío.

Sí sabemos que estudió química en Novorssiia y que tuvo que abandonar Rusia, según indica Richard Spence en Trust No One, a causa de una trama política. Fuera o no así, a mediados de los 90 del siglo XIX, Rosenblum regentaba en París un negocio de venta de fármacos. Rodeado de lujos, viajaba a lugares exóticos, vestía trajes elegantes y jugaba en los mejores casinos... Precisamente, todo apunta a que su necesidad de dinero le llevó a convertirse en informador de Scotland Yard.

En 1898, Reilly se casó con Margaret C. Thomas, la rica viuda de un reverendo en cuya muerte pudo estar implicado. Y es que cuando se agotó su fortuna, el espía perdió todo interés en ella.

Tras viajar a Rusia, Reilly, que dominaba varios idiomas, se instaló en Puerto Arturo, en Manchuria, poco antes de la guerra ruso-japonesa de 1904. De hecho, pudo revelar a los japoneses la posición de las minas defensivas rusas.

Mientras tanto, en Europa, William Melville, que estaba al frente de una división de inteligencia británica, recibió la orden de encontrar individuos que pudieran ejecutar misiones en el extranjero. Reilly era su hombre.

En una de sus primeras actuaciones, que hoy es puesta en duda, se hizo pasar por sacerdote para convencer a un magnate del petróleo de que su concesión debía permanecer en manos británicas. Igualmente, no está claro que participase en el robo en 1909 de un avanzado generador eléctrico alemán o en el de los planos de las fábricas de armas de Essen. Y es que sus biógrafos admiten que no es fácil orientarse entre las mentiras que tejió a su alrededor.

En 1918 fue seleccionado para una operación en Rusia, a donde viajó con el nombre en clave ST1. Sin embargo, en vez de seguir las órdenes se presentó en el Kremlin haciéndose pasar por un enviado del Primer Ministro británico con la misión de entrevistarse con Lenin. Aun más, pudo organizar junto con el agente Robert B. Lockhart un plan para asesinar a Lenin y derrocar su régimen, pero los rusos lo evitaron y les condenaron a muerte en ausencia.

 

Inspiración para Fleming

Las audaces misiones de Reilly le reportaron fama y hasta una condecoración, pero su tendencia a despilfarrar los fondos del Tesoro quebró sus relaciones con la inteligencia británica. En 1925, Reilly fue capturado en el marco de una operación diseñada por los rusos para eliminar a antiguos disidentes. El 5 de noviembre fue ejecutado, pero la leyenda que le rodeaba era tal, que su defunción no fue constatada al cien por cien hasta el año 2000.

En 1953, el escritor Ian Fleming publicó Casino Royale, su primera novela de espías, en la que introducía al superagente James Bond. Precisamente, en Ian Fleming, The Man Behind James Bond, el biógrafo Andrew Lycett apunta que las aventuras de Reilly, que en 1930, cinco años después de su desaparición, la prensa británica desmenuzaba a diario, sirvieron a Fleming como inspiración. Éste también dejó reflejados a otros personajes reales, como William Melville, jefe de los servicios secretos británicos, que usaba el nombre en código de M, una clave bien conocida por los seguidores de 007.

Etiquetas: Espionaje, Gran Bretaña, URSS

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