Robert D. Kaplan: "La caída del Imperio Americano ya ha comenzado"

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Parece increíble pensar que se acabará la hora de la Coca-Cola, la hamburguesa, el vaquero o la Quinta Avenida, y que de la bandera norteamericana se caerán estrellas para formar otros núcleos de poder, que bien podrían llamarse las Californias o la Confederación de Miami y el Caribe. Pero es probable que así suceda, pues lo ha vaticinado Robert D. Kaplan, quien aún no se ha equivocado en ninguna de sus predicciones sobre el África ecuatorial, el conflicto de la ex Yugoslavia, el sudeste asiático o el Lejano Oriente.


-Parece más ficción que realidad.
-No hay que poner una fecha fija, tal vez estemos hablando de dentro de 100 o 200 años. La caída de lo que ahora podemos llamar el Imperio Americano ya ha comenzado y ocurrirá gradualmente, tan dilatada en el tiempo como la del Imperio Romano y diferente a la de la Rusia zarista. La causa será la transformación, lenta pero radical, que se está dando ahora en la sociedad sin que nosotros nos demos cuenta.

-¿Qué está cambiando?
-Los centros de poder se están desplazando en dos direcciones: una, del poder central a las ciudades; otra, de la línea Este-Oeste que une la costa atlántica con la del Pacífico a la Norte-Sur que implica también a Canadá y a México. Esto significa la aparición de ciudades-estado fuertes (similares a las europeas del Medievo) unidas por lazos económicos a otras parecidas de su entorno; Miami tiene más que ver con La Habana que con Washington; Vancouver, más cosas en común con Seattle que con Ottawa.

-¿Significa mayor egocentrismo y nacionalismo y menor solidaridad o intercambio étnico?
-No necesariamente. Hablar hoy de problemas de confrontación entre blancos y negros es tratar un tema ya viejo, porque la sociedad norteamericana está cambiando vertiginosamente hacia una mezcla de muy distinta procedencia, especialmente de México, Ásia y Polinesia. Hace poco tiempo, Estados Unidos consumía enormes cantidades de ketchup y casi nadie sabía lo que era una salsa mexicana; hoy estas salsas se toman más que el ketchup. Por otro lado, en Kansas hay muchas iglesias mexicanas baptistas, no católicas romanas; así que, mientras los mexicanos influyen en asuntos culinarios y en medios de comunicación y lenguaje, la sociedad norteamericana también está influyendo sobre ellos. Se calcula que ese 12 por 100 de la población que hoy representan los llegados de México se incrementará al 22 por 100 en los próximos 15 años.

-En su país se tiende a asociar México con la droga.
-La droga es el gran éxito comercial de la economía capitalista. Hay muchas ciudades sureñas que viven del dinero que mueve la droga. Es un error grave tratar este asunto desde su aspecto social o policial, y no desde el económico. El capitalismo, el mercado libre, no es una ideología (como el fascismo o el comunismo) sino una antiideología que permite a la gente competir organizando las normas de esa competencia. Como no hay reglas morales que digan lo que está bien o mal, se deja en manos de la religión. Por ello, en Estados Unidos hay que creer en Dios, sea cual sea; la gente se siente muy religiosa -podríamos decir hasta mojigata-, llena de elementos estúpidos a veces, pero con una fuerza que ha dado una gran estabilidad social. Ahora en Rusia, la religión no ha podido suplantar el sentido ético del comunismo.

-Esas ciudades-estado de las que usted habla estaban fuertemente amuralladas en la época medieval.
-Sí, como empiezan a estarlo las nuestras. Europa tiene demasiada historia y no mucho espacio geográfico; Estados Unidos, justo lo contrario. Yo estuve dos semanas buscando el centro de San Luis y nunca lo encontré, pero sí vi 92 comunidades suburbanas separadas entre sí. La expansión de estas ciudades y el despoblamiento del resto es indiscutible, como el gusto por ir al gimnasio en vez de a un parque, pertenecer a un club privado con guardia en la entrada, vivir en urbanizaciones amuralladas con vigilancia férrea o pasear por dentro de grandes centros comerciales antes que por unas calles inseguras...

-Eso se nota más en su país que en Europa.
-La seguridad privada está aumentando en Estados Unidos, pero es mucho más importante en Sudáfrica o Rusia, que tienen los porcentajes más altos de policía privada del mundo. También hay países subdesarrollados en los que la clase media está protegida por un ejército privado y tienen sus propios servicios para no depender del Estado.

-¿Ve factible que en el futuro una multinacional declare la guerra a su competidora y que sus ejércitos luchen entre sí?
-Una de las ideas sobre las que he escrito es precisamente lo interesante que resulta pensar en las grandes multinacionales, más que como una empresa privada, como una forma de comunidad política que comienza gradualmente a evolucionar. El hombre medieval no era capaz de visualizar cómo serían los Estados modernos; se necesitaron cientos de años para que todo cambiara hasta lo que hoy conocemos. Ahora puedo decirle que en muchos centros militares se trabaja, para un futuro más o menos cercano, sobre posibles conflictos incluso violentos entre empresas o compañías rivales. Parece muy futurista, pero ya está sobre la mesa.

-Hace 30 años, los jóvenes se preocupaban por las profecías de libros como Un mundo feliz o La naranja mecánica. Aquello contra lo que se luchaba se ha hecho realidad, el delincuente recuperado para la sociedad al convertirlo en policía, la sociedad desprovista de cualquier otro sentimiento que no sea económico.... Pero se ha hecho con el aplauso de aquellos jóvenes. ¿Cree usted que la historia juzgará positivamente al imperio estadounidense?
-El gran legado que Estados Unidos va a dejar a la historia será la idea filosófica de la constitución. Una constitución basada en el pesimismo, en contraste con el optimismo de los americanos, que fue redactada sobre las peores suposiciones del comportamiento humano. De ello surgió una nación flexible, dinámica, exitosa, única en la historia, que ha funcionado y funciona bastante bien.

-¿Quedará algo de la democracia tal como hoy la pensamos?
-Quizás avancemos hacia un tipo de oligarquía semifeudal. Creo que los americanos siempre elegirán presidente, aunque el significado de estas votaciones será cada vez menor. Tal vez la democracia que hoy conocemos haya servido sólo para la era industrial, no para la postindustrial en la que ahora estamos, y haya que reinventarla, pero somos muy jóvenes como nación y no nos asustan los cambios.

-En su última obra, usted confiesa sin remilgos el sentimiento patriótico que, como buen americano, tiene. No sucede así en España, que suele avergonzarse de su pasado, mientras ustedes hablan con desparpajo de la guerra contra los indios. ¿A qué se debe ese patriotismo, incluso de la clase intelectual?
-Cuando los españoles llegaron a América se encontraron con un imperio fuerte y una población elevada. Fue una lucha entre imperios que ganó el que tecnológicamente estaba más avanzado. Pero los ingleses se encontraron con un territorio inmenso completamente vacío en el que no había una civilización extraordinaria. Cada nueva generación de inmigrantes ha podido rehacer la sociedad americana a su imagen, ese ha sido el motor del espíritu americano, porque no había raíces culturales que sirvieran de unión. De hecho, el poder de EE UU es absorber el talento externo e integrarlo en la sociedad en forma exitosa. En las sociedades del futuro la clave del éxito será definir la identidad nacional basándose en el deseo de esas nuevas personas que llegan al país por convertirse en buenos y productivos ciudadanos.

-De verdad, ¿es usted tan pesimista como parece?
-Me considero realista. El interés propio, tanto sea de los individuos como de la nación, es lo que marca los acontecimientos históricos, y la combinación entre el interés de las naciones y el de los individuos es el motor que va formando la historia.


Jos Martín

 

Esta entrevista fue publicada en abril de 2000, en el número227 de MUY Interesante.

Etiquetas: América, Estados Unidos

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