Richard Sorge, el superespía con talón de Aquiles

Muchos consideran a Richard Sorge el mejor espía de la II Guerra Mundial. Miembro del partido nazi, espió para los rusos desde Japón.

Richard Sorge

Mitsusada Yoshikawa, el fiscal que solicitó la pena de muerte para Richard Sorge, solía afirmar que “no había conocido en toda su vida a alguien tan grande como él”. Efectivamente, por su coraje y genialidad, este ruso oriundo de la región de Baku es considerado por muchos historiadores el mejor espía de la Segunda Guerra Mundial.

En 1897, cuando sólo tenía dos años, Sorge, hijo de un ingeniero de minas alemán, se desplazó con su familia a Berlín. Aun así, a través de su madre, que era rusa, estuvo muy ligado al país donde nació. Eso no le impidió participar en la Primera Guerra Mundial e incluso obtener una Cruz de Hierro por su valor. En 1925, tras estudiar ciencias políticas, su admiración por el modelo soviético le llevó a unirse al Partido Comunista alemán y a viajar a la URSS un año después, donde fue reclutado como agente.

A finales de los años 20, casado ya con una bailarina rusa, viajó a China, donde se empapó de su cultura. Esperaba que esos conocimientos le sirvieran para trabajar en algún periódico, pero su principal misión a su regreso a Alemania fue integrarse en el movimiento nacionalsocialista, desde donde podía detallar sus actividades a los servicios secretos rusos. También aprovechó su estancia en Berlín para trabar amistad con Eugen Ott, agregado militar de Alemania en Tokio. A mediados de 1933, Sorge comunicó a sus superiores soviéticos que se disponía a viajar a Japón como enviado del Frankfurter Zeitung.

En el país del Sol naciente, el espía supo mover sus piezas. Por una parte, informó a Stalin de los movimientos del ejército nipón; por otra, pasó informes japoneses secretos a Ott, convenciéndole de que trabajaba para Alemania, y por último se atrajo el reconocimiento del secretario del canciller japonés, que se convirtió en una de sus fuentes. Sorge, que como miembro del partido nazi gozaba de total confianza, consiguió incluso fotografiar los informes que detallaban los movimientos de la Kriegsmarine, la armada alemana, y descifrarlos en sólo una noche.

 

Héroe de la URSS

El agente eludió el contraespionaje japonés hasta el 18 de octubre. Pese a las medidas de seguridad que tomaba, como intercambiar las informaciones a bordo de un barco anclado, acabó traicionado posiblemente por un miembro de su propio equipo, conocido como el Grupo Ramsey, o quizá denunciado a la Kempei Tai –el equivalente japonés de la Gestapo– por la inteligencia alemana. Enterados de sus actividades y de la debilidad de Sorge por las mujeres, los japoneses le tendieron una trampa a través de una dama de la alta sociedad. Esta detectó cómo el espía se deshacía de unos papeles y advirtió disimuladamente a las autoridades del lugar en el que lo había hecho. A la mañana siguiente, Sorge fue detenido y condenado a muerte. La sentencia, sin embargo, se pospuso, ya que los japoneses le interrogaron repetidamente para que revelara todo lo que sabía. Por ese mismo motivo, y porque tenía muchos datos sobre los propios japoneses, no se permitió su repatriación a Alemania. Y fue esa demora en su ejecución lo que rodeo el final de Sorge de un aura de misterio: algunos creen que fue canjeado a los rusos, otros que logró fugarse... Sin embargo, Richard Sorge fue ejecutado en la horca el 7 de noviembre de 1944. Veinte años después, el superespía fue declarado héroe de la URSS.

Etiquetas: Espionaje, Japón, Segunda Guerra Mundial, URSS

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