Pullas, burlas e insultos históricos

Políticos o escritores se han metido unos con otros con desigual fortuna. He aquí algunos ejemplos históricos del arte del menosprecio.

Hemingway
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Winston Churchill (1874-1965), político y estadista británico, dos veces primer ministro de su país y Premio Nobel de Literatura, es uno de los personajes históricos más presentes en los libros de citas: tiene montones de frases memorables... también en el terreno de lo insultante o despectivo. Así, por ejemplo, sobre el político laborista Stafford Cripps dijo: "Tiene todas las virtudes que detesto y ninguno de los vicios que admiro". Con una compañera de partido de Cripps, la diputada Bessie Bradock, fue menos elegante (cosas del machismo); tras acusarle ésta de presentarse borracho en el Parlamento, Churchill replicó: "Tal vez esté ebrio, querida, y usted es fea, pero yo mañana estaré sobrio".

Precisamente a Churchill le dedicó el genial dramaturgo irlandés George Bernard Shaw (1856-1950), también Nobel de Literatura y amigo del político, la siguiente invectiva en privado: "Tengo dos entradas para el estreno de mi nueva obra. Tráete a un amigo... si es que tienes alguno". A lo que el aludido respondió con gran ingenio: "Lo lamento, no puedo ir al estreno. Intentaré ir al día siguiente... si es que sigue en cartel". Otro intercambio de golpes dialécticos famoso fue el que se dio entre los narradores estadounidenses William Faulkner (1897-1962) y Ernest Hemingway (1899-1961; en la foto que ilustra este artículo). El primero dijo del segundo: "Nunca ha utilizado una palabra que pueda enviar a un lector al diccionario". Y Hemingway se defendió con acierto: "Pobre Faulkner, cree que las grandes emociones vienen de las grandes palabras".

Pero para gracia y "mala leche" entre escritores, Quevedo (1580-1645), que tuvo encontronazos –algunos no sólo verbales– con casi todos sus coetáneos del Siglo de Oro. Dejando a un lado el buen gusto, el más desternillante fueron los versos llenos de insultos y pullas que le escribió a Ruiz de Alarcón (1581-1639), al que en razón de su doble joroba o corcova –en la espalda y el pecho– rebautizó como "Corcovilla". Una pequeña muestra: "¿Quién parece con sotana / empanada de ternera? / ¿Quién, si dos palmos creciera, / pudiera llegar a rana?"... El injuriado no se quedó atrás en su respuesta y se cebó con la cojera del autor de El Buscón: “¿Quién contra todos escribe / escribiendo con los pies?”.

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