Preparativos de la batalla del Ebro

La batalla más larga de la Guerra Civil española, la del Ebro, exigió grandes dosis de estrategia por parte de ambos bandos.

La batalla del Ebro
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En la primavera de 1938, la guerra iba mal para la República. Había quedado partida en dos (Cataluña por una parte y, por otra, la zona centro que abarcaba el Levante y llegaba hasta Madrid y Extremadura) al alcanzar las fuerzas de Franco el Mediterráneo, y cada vez sufría más la falta de hombres y material. La población civil también estaba desmoralizada por el desabastecimiento y los bombardeos sobre retaguardia.

Políticamente, la situación no era mejor. Muchos republicanos, viendo segura la derrota, abogaban por pactar la paz con Franco, mientras que el jefe del Gobierno, Juan Negrín, apoyado sólo por su facción dentro del PSOE y por los comunistas, seguía empeñado en resistir. Sabía que era imposible una paz con Franco que fuese indulgente con los vencidos y además, creyendo en el inminente estallido de la guerra en Europa ante el expansionismo de Hitler, quería ganar tiempo para enlazar la guerra de España con la europea. En ese caso, creía, los aliados apoyarían con sus ejércitos la causa republicana en contra del fascismo. Además, era urgente actuar; Franco estaba a punto de lanzarse sobre Valencia y había que aliviar la presión sobre sus defensas.

Todo este conjunto de razones llevó a Negrín a ordenar al general Vicente Rojo el desencadenamiento de una ofensiva, preparada por el militar en junio. El Ejército Popular debía atacar y cruzar el Ebro por sorpresa –el río actuaba como línea divisoria de ambos ejércitos–, ocupar Gandesa y, en una segunda fase, avanzar para cortar las comunicaciones entre Zaragoza y Castellón y, si fuese posible, volver a enlazar Cataluña con la zona centro.

Todo listo para pasar el Ebro

Franco tenía pocas fuerzas en la ribera derecha del Ebro, al estar centrado en sus planes sobre Valencia. Eran tres divisiones bajo el mando del general Juan Yagüe: unos 35.000 hombres que cubrían un frente de más de cien kilómetros, y de desigual calidad. Rojo iba a disponer, en cambio, de hombres fogueados que, aunque derrotados en anteriores batallas, eran veteranos de la batalla de Teruel y mantenían su combatividad. Su punta de lanza eran unos 70.000 hombres bajo el mando de tres oficiales de milicias comunistas formados en el legendario V Regimiento: Manuel Tagüeña, Enrique Líster y Juan Modesto, quien ostentaba la jefatura suprema. Dirigían nueve divisiones integradas en tres cuerpos de ejército, y en ellas figuraban aún varios miles de brigadistas internacionales. Como reserva quedaban tres divisiones más, compuestas por soldados de recluta y menor combatividad. En total eran unos 100.000 hombres que contaban con unas 300 piezas de artillería y 160 tanques.

En los días previos la actividad fue febril, debiéndose llevar en secreto cientos de barcas y preparar decenas de pasarelas y puentes que permitiesen el cruce del río; una empresa harto difícil, pues muchos soldados no sabían nadar. A las 0:15 horas del 25 de julio, una noche sin luna, comenzó la operación. Se efectuó por varios puntos a la vez: el objetivo prioritario era el sector central, sobre Flix, Miravet, Ascó y Ribarroja, pero como distracción también se atacó ribera arriba, hacia Mequinenza. En ambos sectores la operación fue un éxito, pero fracasó ribera abajo, en Amposta, por ser las defensas franquistas mucho más sólidas.

 

 

Más información sobre el tema en el artículo 115 días de combates, escrito Juan Carlos Losada. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a La batalla del Ebro y otros frentes de la Guerra Civil española.

 

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Etiquetas: Batallas famosas, España, Guerra Civil

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