Piezas antiguas en la capital teutona

Te damos un adelanto de los que encontrarás en el último número de la revista Muy Historia, dedicada a tesoros perdidos.

Muy Historia
puerta de Ishtar
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Motivo de tensión diplomática entre el gobierno alemán y el iraquí y el turco, respectivamente, son los dos grandes tesoros del Museo de Pérgamo de Berlín. A comienzos del siglo XX, y durante más de veinte años, arqueólogos alemanes, con Robert Koldewey a la cabeza, trabajaron en las ruinas de Babilonia desenterrando tesoros de valor incalculable. Tras el estallido de la I Guerra Mundial, concluidos los trabajos, se llevaron consigo de vuelta a Berlín los restos de la monumental Puerta de Ishtar que, posteriormente, volvería a erigirse, convenientemente restaurada, en el interior de las salas del Museo. También sustrajeron un total de hasta ciento dieciocho frisos de la Avenida Procesional de Babilonia.

Elgin se llevó las esculturas del Partenón, pero al menos el edificio quedó intacto. Koldewey y su equipo fueron menos discretos, embarcando rumbo a la capital teutona todo lo que quedaba de la puerta y la avenida. Una situación análoga se produjo con el hallazgo en 1871 del Altar de Pérgamo a manos del ingeniero Carl Humann, que logró permiso por escrito por parte de las autoridades otomanas para trasladar el monumento íntegro quince años después a las salas del mismo museo, donde al igual que la Puerta de Ishtar volvió a la vida. Las reivindicaciones de iraquíes y turcos han caído en saco roto.

Alemania no se plantea deshacerse de los dos grandes tesoros de su colección de antigüedades. La atención a las demandas de los países originarios de todas estas piezas implicaría, en la práctica, el total desmantelamiento de museos como el de Pérgamo o el Británico. Ante esa tesitura, el debate ético queda completamente oscurecido. Pero la controversia no gira sólo alrededor de monumentos total o parcialmente sustraídos de sus lugares de origen, sin duda el agujero más negro de la arqueología "colonial". También gravita alrededor de piezas arqueológicas cuya obtención, más o menos lícita, no afecta a la integridad estructural de edificio alguno.

De entre todos esos tesoros, el más célebre, sin duda, es el busto de Nefertiti, la joya del Neues Museum de Berlín, cuya restitución Egipto reclama desde hace años. Rescatada del olvido en 1912 por el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt en el estudio de Tutmose, entre las ruinas de Amarna, la pieza fue esculpida hace tres mil trescientos años en caliza y yeso, y para muchos representa la encarnación misma de la atemporal belleza femenina.


Por aquel entonces Egipto era un protectorado colonial europeo, luego el traslado de la pieza desde Amarna a Berlín se llevó a cabo dentro de la legalidad vigente. Pero una vez el país conquistó su independencia, en 1922, el nuevo gobierno exigió a Alemania la devolución de la pieza. Curiosamente, en 1933, los nazis atendieron a razones, y el busto estaba a punto de emprender el camino de regreso hacia Egipto cuando, en el último momento, Hitler, fascinado con la pieza, dio marcha atrás.

El Führer no estaba dispuesto a desprenderse del tesoro, y de hecho planeaba la construcción de un museo egipcio en Berlín alrededor del magnífico busto. Tras la II Guerra Mundial, la pieza encontró finalmente acomodo en el Neues Museum. Los intentos durante años del mediático exministro de Antigüedades de Egipto Zahi Hawass por repatriarlo fueron en vano. El gobierno alemán ha apelado siempre a la legalidad del “traslado” y a la extrema fragilidad del busto, que desaconseja cualquier mudanza.

Más información sobre el tema en el artículo ¿Coleccionistas o ladrones?, escrito por Roberto Piorno. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a Tesoros perdidos. 

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Etiquetas: Alemania, Historia

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